Causas de la Segunda Guerra Mundial

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Mapa de Europa en 1939

La Segunda Guerra Mundial estalló el 1 de septiembre de 1939 como resultado de un conjunto de factores acumulados durante dos décadas: el resentimiento generado por el Tratado de Versalles, la Gran Depresión, el ascenso del nazismo y el expansionismo territorial de Alemania, Italia y Japón.

Aunque el detonante formal fue la invasión alemana de Polonia, el conflicto más destructivo de la historia no surgió de un único hecho aislado. Fue, como señaló Winston Churchill, «la guerra innecesaria», porque pudo haberse evitado en varias ocasiones si las potencias democráticas hubieran actuado con firmeza frente al expansionismo totalitario. A continuación se analizan, de forma cronológica y temática, las principales causas de la Segunda Guerra Mundial que desembocaron en uno de los peores conflictos que ha conocido la humanidad.

El Tratado de Versalles y la humillación alemana

El origen remoto del conflicto se encuentra en el final de la Primera Guerra Mundial. El Tratado de Versalles de 1919 impuso a Alemania duras condiciones: pérdida de territorios, reducción drástica de su ejército, desmilitarización de Renania y el pago de cuantiosas reparaciones de guerra. Muchos historiadores hablan incluso de una «guerra de treinta años» que se extiende de 1914 a 1945, en la que la Primera Guerra Mundial fue la catástrofe original de la que derivó todo lo demás.

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Firma del Tratado de Versalles en la Sala de los Espejos – Coloreada con IA

La derrota resultó especialmente difícil de aceptar para el ejército alemán, que hasta julio de 1918 no había sido vencido en el campo de batalla. Esa circunstancia alimentó la llamada «leyenda de la puñalada por la espalda»: la creencia irracional de que Alemania no había sido derrotada militarmente, sino traicionada desde dentro por políticos, socialistas y judíos. Esta teoría de la conspiración, impulsada por la derecha alemana, se convertiría más tarde en uno de los pilares del discurso nazi.

Entre las consecuencias directas del Diktat de Versalles destacan:

  • La pérdida de Alsacia y Lorena, además de territorios en el este a favor de la nueva Polonia.
  • La prohibición de mantener fuerzas aéreas y la limitación del ejército a 100.000 soldados.
  • La desmilitarización permanente de Renania.
  • Un régimen de reparaciones económicas que asfixió la recuperación alemana.
  • Un sentimiento generalizado de humillación nacional que los nacionalistas alemanes juraron vengar.

La crisis económica y la Gran Depresión

La segunda causa estructural fue de naturaleza económica. Tras la hiperinflación de 1923, que arruinó a buena parte de la clase media germana, la economía alemana logró estabilizarse a mediados de los años veinte gracias a los préstamos estadounidenses. Sin embargo, el crac de la Bolsa de Nueva York en octubre de 1929 provocó una depresión mundial que golpeó a Alemania con particular dureza.

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Cola de trabajadores en Hamburgo durante la Gran Depresión – Fuente: Wikipedia

Estados Unidos cerró el grifo del crédito exterior, y las políticas proteccionistas de otros países cerraron los mercados a las exportaciones alemanas. El resultado fue un desempleo masivo: en el invierno de 1930 había ya 2.300.000 desempleados en Alemania, cifra que continuaría creciendo. Esta crisis del capitalismo aceleró, a su vez, la crisis de la democracia liberal en numerosos países europeos, cuyos sistemas parlamentarios, surgidos tras la caída de los imperios continentales en 1918, se mostraron incapaces de dar respuesta al desorden social.

En ese contexto de desesperación económica, las soluciones radicales y las promesas demagógicas encontraron un terreno abonado. No es casualidad que en septiembre de 1930 el Partido Nacionalsocialista pasara de apenas un 2,5 % de los votos a un 18,3 %, iniciando una escalada imparable hacia el poder.

El ascenso de Adolf Hitler y el nazismo

El 30 de enero de 1933, Hitler fue nombrado canciller de Alemania. La derecha conservadora alemana, que subestimó peligrosamente su ambición, pensó que podría utilizarlo como una marioneta populista, pero el futuro dictador sabía exactamente lo que quería. En poco tiempo, Hitler desmanteló el estado de derecho, sometió a los tribunales, las universidades, el ejército y la prensa a los dictados del nuevo régimen y encarceló a la oposición.

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Adolf Hitler durante el Reichsjugendtag de Potsdam (1932), rodeado de miembros de las Juventudes Hitlerianas. Fuente: Wikipedia.

Hitler supo canalizar el resentimiento colectivo alemán hacia un proyecto ideológico expansionista, expuesto ya en 1925 en Mein Kampf. Sus objetivos fundamentales eran:

  • La unificación de todos los pueblos de origen alemán en un único Reich.
  • La conquista de un «espacio vital», Lebensraum, en el este de Europa, a costa de la Unión Soviética.
  • El control de los recursos agrícolas de Ucrania y del petróleo de Europa oriental, del que Alemania dependía en un 85 %.
  • La persecución sistemática de la población judía, a la que culpaba de todos los males de la nación.
  • La subyugación y esclavización de las poblaciones eslavas, en línea con su visión racista y darwinista de la historia.

A diferencia de otros nacionalistas alemanes, que solo aspiraban a revisar Versalles, las ambiciones de Hitler iban mucho más allá: pretendía una hegemonía continental completa, alcanzable, según él mismo confesó, en el plazo de una sola vida humana, la suya.

El rearme alemán y la violación de Versalles

Una vez consolidado en el poder, Hitler se dedicó a desmontar progresivamente las restricciones militares impuestas en 1919. En 1935 reintrodujo el servicio militar obligatorio, creó oficialmente la Luftwaffe y logró que Gran Bretaña aceptara el refuerzo de la flota alemana mediante un acuerdo naval bilateral. Ni Londres ni París protestaron con firmeza ante este rearme acelerado.

El paso más audaz llegó en marzo de 1936, cuando las tropas alemanas reocuparon militarmente Renania, violando abiertamente tanto Versalles como el Tratado de Locarno. La respuesta anglofrancesa fue, de nuevo, extremadamente débil. Ese episodio resultó decisivo: convenció a Hitler de que las potencias occidentales no estaban dispuestas a arriesgarse a una nueva guerra, y reforzó enormemente su prestigio interno, incluso entre alemanes que no lo habían votado.

El rearme cumplía además una función económica: el gasto militar, más que las obras públicas, fue lo que realmente redujo el desempleo alemán, un precio que la mayoría de la población consideró aceptable a cambio de perder libertades.

El expansionismo japonés en Asia

Mientras Europa se rearmaba, en Extremo Oriente se desarrollaba un proceso paralelo de expansión imperial. En septiembre de 1931, el ejército japonés provocó el llamado «incidente de Mukden» para justificar la anexión de Manchuria, donde estableció el estado títere de Manchukuo. La Sociedad de Naciones rechazó sancionar a Japón, lo que dejó al país asiático aislado diplomáticamente, pero también envalentonado.

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Tropas japonesas cerca de Pekín 1937 – Wikipedia

El 7 de julio de 1937, un incidente en el puente de Marco Polo, cerca de Pekín, desencadenó la guerra chino-japonesa a gran escala. Tokio confiaba en una victoria rápida, pero la resistencia china prolongó el conflicto durante años y produjo un nivel de violencia extremo contra la población civil. Esta guerra, con frecuencia tratada como un asunto separado, forma en realidad parte integral de los orígenes de la Segunda Guerra Mundial, ya que implicó el mayor despliegue de tropas terrestres japonesas y arrastró progresivamente a Estados Unidos y la Unión Soviética al conflicto en el Pacífico.

En noviembre de 1936, Alemania y Japón firmaron el Pacto Anti-Comintern, sellando una alianza ideológica frente a la Unión Soviética que, con la posterior incorporación de Italia, sentaría las bases del Eje.

La Guerra Civil Española y la prueba de los totalitarismos

El estallido de la Guerra Civil Española en el verano de 1936 no fue un episodio aislado dentro del tablero internacional. Hitler intervino en apoyo de Francisco Franco convencido de que una España de izquierdas, sumada a un gobierno también de izquierdas en Francia, representaría una amenaza estratégica para Alemania por el oeste, justo cuando debía prepararse para enfrentarse a la URSS por el este.

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Himmler viitando las ruinas del Alcazar de Toledo – Fuente Wikipedia

El conflicto español sirvió, además, como banco de pruebas: la Legión Cóndor de la Luftwaffe experimentó nuevas tácticas y armamento que después aplicaría en la guerra mundial. La contienda española también acercó a Hitler y Mussolini, cuyo régimen fascista envió tropas «voluntarias» a luchar junto a los sublevados, si bien el dictador italiano albergaba serias dudas sobre la conveniencia de alterar drásticamente el statu quo europeo.

Gran Bretaña y Francia, temerosas de que la guerra española derivara en un conflicto europeo generalizado, optaron por la no intervención, una postura que en la práctica benefició a los sublevados y confirmó a Hitler que las democracias occidentales rehuían cualquier confrontación directa.

La política de apaciguamiento y las anexiones territoriales

El Anschluss con Austria

En marzo de 1938, Alemania se anexionó Austria sin que Gran Bretaña ni Francia reaccionaran con determinación. La opinión pública occidental consideró que aquel precio era asumible para preservar la paz, especialmente porque una parte importante de la población austriaca celebró la unión con el Reich.

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Tropas alemanas entrando en Viena el martes 15 de marzo de 1938 – Fuente Wikipedia

La crisis de los Sudetes y la Conferencia de Múnich

A continuación, Hitler dirigió sus exigencias hacia los Sudetes, la región fronteriza de Checoslovaquia con población de origen alemán. En septiembre de 1938, durante la Conferencia de Múnich, el primer ministro británico Neville Chamberlain y su homólogo francés Édouard Daladier aceptaron ceder los Sudetes a Alemania con la esperanza de evitar la guerra, sin siquiera consultar al gobierno checoslovaco. La Unión Soviética, que se había ofrecido formalmente a prestar ayuda militar a Checoslovaquia junto con Francia, fue excluida por completo de las negociaciones, un desaire que Stalin no olvidaría.

Chamberlain regresó a Londres proclamando haber logrado «la paz para nuestro tiempo». Hitler, sin embargo, se lamentaría después de no haber podido entrar en guerra ya en 1938, porque británicos y franceses le concedieron todas sus exigencias en Múnich.

Entre las razones que explican esta política de apaciguamiento destacan:

  • El trauma colectivo de las democracias occidentales tras la Primera Guerra Mundial y su firme voluntad de evitar otra contienda a cualquier precio.
  • La creencia extendida de que Alemania había recibido un trato injusto en Versalles y que sus reclamaciones territoriales, basadas en criterios étnicos, tenían cierta legitimidad.
  • La subestimación de la determinación real de Hitler por parte de Chamberlain, quien confiaba ingenuamente en que otros líderes compartían su misma aversión a romper la palabra dada.
  • El temor británico y francés a que un enfrentamiento con Alemania degenerase de inmediato en una guerra continental generalizada.

La ocupación de Checoslovaquia y la garantía a Polonia

En marzo de 1939, Hitler violó abiertamente lo acordado en Múnich al ocupar el resto de Checoslovaquia, dejando claro que sus exigencias sobre minorías étnicas alemanas no eran más que un pretexto para la conquista territorial. Ante esta agresión flagrante, Chamberlain se vio obligado a cambiar de rumbo y comprometió el apoyo británico a Polonia en caso de agresión alemana, como advertencia directa a Hitler frente a nuevos planes de expansión.

El Pacto Molotov-Ribbentrop y la invasión de Polonia

El desenlace final se precipitó en agosto de 1939 con la firma del pacto de no agresión entre la Alemania nazi y la Unión Soviética de Stalin, conocido como Pacto Molotov-Ribbentrop. Este acuerdo, que incluía un protocolo secreto para repartirse Europa oriental, dejó a Polonia completamente aislada y confirmó que sería la siguiente víctima de Hitler.

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Molotov y Ribbentrop firmando el pacto de no agresión entre Alemania y la URSS – Fuente Wikipedia

El pacto sorprendió al mundo entero, pero resultó coherente con la lógica seguida por Hitler desde el principio: evitar una guerra en dos frentes, asegurándose primero la neutralidad soviética para poder atacar Polonia y, después, Francia y Gran Bretaña sin tener que combatir simultáneamente en el este. El 1 de septiembre de 1939, la Wehrmacht invadió Polonia. Dos días después, Gran Bretaña y Francia, cumpliendo la garantía comprometida meses antes, declararon la guerra a Alemania.

Resumen de las causas principales

  • El resentimiento nacional generado por las condiciones del Tratado de Versalles.
  • La hiperinflación de los años veinte y la Gran Depresión de 1929, que arruinaron a la clase media alemana y facilitaron el auge del extremismo.
  • El ascenso al poder de Adolf Hitler y la implantación de un régimen totalitario con un proyecto expansionista explícito.
  • El rearme alemán y la violación sistemática de los tratados internacionales, sin respuesta firme de Francia y Gran Bretaña.
  • El expansionismo militar de Japón en Manchuria y China desde 1931.
  • La Guerra Civil Española como banco de pruebas militar y punto de acercamiento entre Alemania e Italia.
  • La política de apaciguamiento aplicada durante el Anschluss y la crisis de los Sudetes, culminada en la Conferencia de Múnich.
  • El Pacto Molotov-Ribbentrop, que garantizó a Hitler la neutralidad soviética antes de atacar Polonia.

La invasión alemana de Polonia el 1 de septiembre de 1939 fue, por tanto, el desenlace de un proceso de casi dos décadas, en el que la debilidad de la respuesta internacional ante cada nueva agresión alemana y japonesa allanó el camino hacia un conflicto que terminaría costando la vida a más de sesenta millones de personas en todo el mundo.

Fuentes consultadas

  • Beevor, Antony. La Segunda Guerra Mundial. Barcelona, Pasado & Presente.
  • Churchill, Winston S. La Segunda Guerra Mundial, Libro I: «El camino hacia el desastre (1919-10 de mayo de 1940)». Barcelona, La Esfera de los Libros.
  • Tratado de Versalles, texto completo.

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Apasionado por la historia universal y en especial la del mundo hispánico y sus procesos. Fundador de Historia Histórica, donde publica análisis, biografías y estudios basados en fuentes contrastadas para acercar el rigor académico al lector actual.