Se ofreció como voluntario para entrar en Auschwitz y contar el horror: la trágica historia del héroe al que nadie quiso creer

El Parlamento Europeo lo declaró oficialmente uno de los mayores héroes de la lucha contra el totalitarismo. Sin embargo, durante más de cuarenta años, su nombre estuvo prohibido por ley. Esta es la historia del único hombre que decidió, por voluntad propia, cruzar las puertas del infierno.
El 19 de septiembre de 1940, un hombre de 39 años se plantó a propósito en medio de una redada nazi en Varsovia. Cuando los soldados alemanes lo empujaron al camión junto a otros dos mil civiles, él fue el único que sonrió por dentro. Estaba exactamente donde quería estar.
Se llamaba Witold Pilecki, era capitán de caballería del ejército polaco, y llevaba semanas convenciendo a sus superiores de una idea que sonaba a suicidio: dejarse deportar al campo de concentración de Auschwitz para espiarlo desde dentro.
Nadie sabía todavía qué ocurría exactamente en aquel recinto abierto por los alemanes en mayo de ese año, en plena Segunda Guerra Mundial. Las familias recibían telegramas anunciando la muerte de sus parientes en cuestión de semanas. La resistencia polaca sospechaba, pero sospechar no era saber.
Pilecki se ofreció voluntario para averiguarlo.
Un billete de ida firmado con nombre falso
Le fabricaron una identidad falsa —Tomasz Serafiński— y se dejó caer en la redada. Después de dos días de palizas con porras de goma en un cuartel de Varsovia, subió al tren. Al llegar, le tatuaron un número en el antebrazo: 4859.
La expectativa de vida media de un prisionero de Auschwitz en aquel momento era de 42 días. Pilecki iba a quedarse 947.
Una red clandestina dentro del infierno
Empezó su trabajo casi de inmediato. Reclutó, uno a uno, a compañeros de confianza. Fundó una red clandestina llamada ZOW dentro del campo. Consiguieron piezas de radio de contrabando y montaron un transmisor con el que emitían informes hacia Varsovia.
Los primeros mensajes salieron en octubre de 1940, ocultos en la memoria de prisioneros liberados y en documentos escondidos entre la ropa sucia de las lavanderías. En marzo de 1941 llegaron al gobierno polaco en el exilio en Londres. De ahí, a los aliados británicos y estadounidenses.
Los informes que nadie quiso creer
Pilecki describió lo que veía con una precisión helada. Palizas rutinarias. Ejecuciones al azar. Selektionen. Cuando en 1941 los alemanes construyeron Auschwitz II-Birkenau y probaron por primera vez el gas Zyklon B con prisioneros de guerra soviéticos, él lo contó. Cuando se instalaron los crematorios capaces de incinerar 8.000 cuerpos al día, lo contó. Cuando comenzaron los experimentos de esterilización sobre gitanos y sinti, lo contó.
Fue el primer informe completo de un campo de exterminio que llegó a manos aliadas.
Y no ocurrió nada.
En Londres, en Washington, los analistas leyeron sus páginas y decidieron que las cifras eran exageradas. Nadie mataba a miles de personas al día en un solo lugar. Debía tratarse de propaganda polaca, de un patriota histérico intentando forzar una intervención militar. Los informes se archivaron.
La fuga que llegó demasiado tarde
Pilecki, dentro del campo, seguía esperando la orden de sublevación. Un ataque aliado, un bombardeo, un paracaidista, cualquier cosa. No llegó nada.
En 1943, la Gestapo empezó a cazar miembros del ZOW. Pilecki entendió que si no salía él mismo a explicar en persona lo que ocurría, ningún papel bastaría. La noche del 26 al 27 de abril de 1943, aprovechando un turno en la panadería del campo, forzó la puerta y echó a correr por las vías del tren con otros dos compañeros. Les dispararon. No los alcanzaron.
«Íbamos rompiendo el aire a manotazos», escribiría después.
Llegó a Varsovia, exhausto, tras varias semanas caminando de noche. Se presentó ante el Ejército Nacional polaco con un plan concreto para asaltar Auschwitz desde fuera con apoyo aliado.
Le dijeron que no. Los mandos habían cambiado. Nadie quería asumir la operación.
Había pasado casi tres años dentro del infierno para nada.
El segundo infierno lo puso Stalin
Pero Pilecki no paró. En agosto de 1944 combatió en el Levantamiento de Varsovia, defendiendo la avenida principal este-oeste hasta la rendición. Los alemanes lo enviaron de nuevo a un campo de prisioneros, del que fue liberado por tropas estadounidenses en 1945. Se unió entonces al Cuerpo Polaco en Italia y allí, por fin, escribió el informe definitivo: más de 100 páginas sobre todo lo visto en Auschwitz.
Y entonces empezó el segundo acto trágico.
Polonia había caído bajo control soviético. Stalin no toleraba héroes que no fueran suyos. Pilecki regresó clandestinamente para espiar al nuevo régimen comunista y enviar información a los polacos en el exilio.
Fue detenido en 1947. La policía política le arrancó las uñas, le rompió las costillas, le fracturó el esternón. Su esposa, que consiguió visitarlo, apenas lo reconoció. Él le susurró una frase que ha quedado grabada en la historia polaca: «Auschwitz, comparado con esto, fue un juego de niños».
Lo condenaron por espionaje en un juicio farsa. El 25 de mayo de 1948, a las 21:30, un funcionario del régimen le disparó en la nuca en la prisión de Mokotów, en Varsovia. Su cuerpo fue arrojado a una fosa común cuyo emplazamiento exacto sigue sin conocerse.
Durante cuarenta años, el gobierno comunista polaco borró su nombre de los libros. Publicar sobre él era delito. La historia del único hombre que se ofreció voluntario a entrar en Auschwitz desapareció detrás del Telón de Acero hasta la caída del régimen en 1989.
En 2019, el Parlamento Europeo aprobó una resolución para declarar el 25 de mayo —aniversario del disparo en la nuca de Pilecki— Día Internacional de los Héroes de la Lucha contra el Totalitarismo.
Fuentes y lecturas recomendadas
- Para conocer más sobre su vida, puedes consultar la biografía oficial en el Memorial de Auschwitz-Birkenau.
- Resolución del Parlamento Europeo de septiembre de 2019 sobre la importancia de la memoria histórica europea disponible en el sitio oficial del Parlamento Europeo.
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Apasionado por la historia universal y en especial la del mundo hispánico y sus procesos. Fundador de Historia Histórica, donde publica análisis, biografías y estudios basados en fuentes contrastadas para acercar el rigor académico al lector actual.

