El sabotaje más audaz de la guerra: Cómo un puente salvó la invasión de Normandía

A las 00:16 del 6 de junio de 1944, un planeador de madera sin motor se estrelló contra el alambre de espino que rodeaba las defensas del puente sobre el Canal de Caen en Normandía. El impacto fue tan preciso que el aparato quedó a metros del objetivo. Los hombres que iban dentro, aturdidos pero vivos, abrieron las puertas y salieron corriendo hacia el puente con las armas en la mano.
Habían llegado antes de que ningún soldado aliado tocara una playa. Eran la punta de lanza invisible de lo que la historia recordaría como el mayor desembarco anfibio jamás ejecutado. Para entender por qué aquella misión era tan crítica, hay que comprender la arquitectura completa de la Segunda Guerra Mundial y el papel que jugaba Normandía en su desenlace.
Por qué ese puente lo cambiaba todo
El puente sobre el Canal de Caen en Bénouville y el puente sobre el río Orne en Ranville no eran objetivos secundarios. Eran el único corredor de salida hacia el este para las fuerzas británicas que desembarcarían horas después en Sword Beach.
Si los alemanes conservaban el control de esos puentes, sus divisiones acorazadas podían cruzarlos y atacar por el flanco a las tropas aliadas que intentaban salir de las playas. Si los propios alemanes los volaban antes de que los aliados los capturaran, la 6ª División Aerotransportada Británica quedaría aislada al otro lado del agua, rodeada, sin posibilidad de recibir refuerzos.
El general Richard Gale, al mando de la división, llegó a una conclusión que no dejaba margen para la duda: la única forma de capturar esos puentes intactos era un asalto en planeador en plena noche, aterrizar directamente encima del objetivo antes de que los defensores pudieran reaccionar. Un golpe de mano en la oscuridad.
Los hombres elegidos para lo imposible
La misión recayó en la Compañía D del 2º Batallón de Infantería Ligera de Oxfordshire y Buckinghamshire, al mando del mayor John Howard. No fue una elección aleatoria. La compañía D había sido seleccionada porque era la más preparada del batallón, la que había entrenado con más dureza, la que Howard había sometido a semanas de ejercicios nocturnos, levantándose a las 20:00 y trabajando hasta las 13:00 del día siguiente para acostumbrarse a combatir en la oscuridad.
Para la misión se añadieron dos pelotones adicionales de la Compañía B y 30 ingenieros reales cuya tarea específica era localizar y desactivar los explosivos que los alemanes habían colocado en los puentes. Los puentes estaban minados. Todos lo sabían.
El transporte serían seis planeadores Airspeed Horsa, aeronaves de madera y lona sin motor, remolcadas por bombarderos Halifax hasta la costa de Normandía y liberadas sobre el objetivo. Cada planeador llevaría dos pilotos, veintiocho soldados y material de ingeniería. Los pilotos, doce suboficiales del Regimiento de Pilotos de Planeadores, habían completado 54 misiones de entrenamiento antes de aquella noche, volando en todas las condiciones meteorológicas, de día y de noche.
La señal de éxito sería simple y brutal: «Ham» si el puente del canal había sido capturado. «Jam» si el del río también estaba en manos británicas. «Jack» si el puente del canal había sido destruido. «Lard» si el del río había volado.
Cinco minutos de caos en la oscuridad
A las 22:56 del 5 de junio, los seis planeadores despegaron de la base RAF Tarrant Rushton en Dorset, remolcados por bombarderos Halifax. Cruzaron el Canal de la Mancha a 2.100 metros de altitud. A las 00:07 del 6 de junio, los bombarderos alcanzaron la costa de Normandía y soltaron los cables de remolque.
El planeador número uno, pilotado por el sargento Jim Wallwork, tomó tierra a las 00:16 estrellándose contra el alambre de espino a metros del puente del canal. La precisión fue extraordinaria: habían apuntado a un rectángulo de tierra en la oscuridad desde miles de metros de altura, sin motor, con instrumentos básicos y cronómetros.
Los defensores alemanes no estaban en alerta máxima. Solo dos centinelas estaban de guardia cuando los planeadores aterrizaron. Uno huyó gritando «¡paracaidistas!». El otro disparó una bengala antes de ser abatido por el teniente Den Brotheridge, que lideraba el primer pelotón cruzando el puente a la carrera.
Los ingenieros buscaron los explosivos. Los encontraron. Los cables de detonación habían sido colocados pero los explosivos no estaban conectados. El puente no podía volar.
A las 00:21, apenas cinco minutos después de aterrizar, la resistencia alemana en la orilla oeste del canal había sido eliminada. El puente estaba en manos británicas.
Brotheridge no vivió para saberlo. Herido por fuego de ametralladora mientras cruzaba el puente, murió poco después de la captura. Fue el primer soldado aliado muerto por fuego enemigo en el Día D, antes de que ningún hombre pusiera pie en una playa.
La noche más larga antes del amanecer
Con los puentes capturados, comenzó la parte más dura: mantenerlos. Los alemanes contraatacaron con tanques, infantería mecanizada y cañoneras por el canal. A las 02:00, los primeros Panzer IV alemanes avanzaron desde el norte hacia el puente. El primer tanque fue alcanzado por el único lanzagranadas PIAT operativo de la compañía D. Explotó. Los demás se retiraron.
El mayor Hans Schmidt, comandante alemán de los puentes, decidió ir a ver personalmente qué estaba pasando. Se acercó al puente en un semioruga a toda velocidad, pasó sin saberlo la línea defensiva británica y llegó al puente donde los soldados de Howard abrieron fuego. Su escolta murió. Schmidt fue capturado.
Durante toda la noche y la mañana del 6 de junio, la compañía D y el 7º Batallón de Paracaidistas resistieron los contraataques alemanes con munición limitada, sin conocer el estado del desembarco en las playas, sin saber si los refuerzos llegarían a tiempo.
A las 13:30, los hombres en los puentes escucharon algo que no olvidarían: el sonido de una gaita. Era Bill Millin, el gaitero del Número 4 Commando, tocando mientras los comandos del brigadier Lord Lovat avanzaban hacia los puentes desde Sword Beach. Llegaban con retraso respecto al plan original, pero llegaban.
Lo que quedó de la compañía D
Cuando la 6ª División Aerotransportada fue retirada a Inglaterra el 5 de septiembre de 1944, de la compañía D que había capturado los puentes quedaban 40 hombres bajo el mando del único oficial superviviente: John Howard. Todos los demás oficiales, sargentos y la mayoría de los suboficiales habían caído entre las bajas de los tres meses de campaña.
El puente sobre el Canal de Caen fue renombrado Pegasus Bridge en honor al emblema de las fuerzas aerotransportadas británicas. El puente sobre el río Orne pasó a llamarse Horsa Bridge, en honor a los planeadores que llevaron a los hombres hasta allí.
El Air Chief Marshal Trafford Leigh-Mallory calificó la hazaña de los pilotos de planeador como «el logro de vuelo más destacado de toda la guerra».
Los planeadores aterrizaron a una media de 47 metros del objetivo. En plena oscuridad. Sin motor. En territorio enemigo.
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Apasionado por la historia universal y en especial la del mundo hispánico y sus procesos. Fundador de Historia Histórica, donde publica análisis, biografías y estudios basados en fuentes contrastadas para acercar el rigor académico al lector actual.

