El ejército que no existía: cómo un Patton de mentira engañó a Hitler en el Día D

En la primavera de 1944, los servicios de inteligencia alemanes monitorizaban con atención los movimientos de tropas en el sureste de Inglaterra. Sus agentes reportaban uniformes, insignias de unidades, señales de radio, movimientos de vehículos y actividad en los puertos. Todo apuntaba a lo mismo: un ejército enorme, comandado por el general que más temían los alemanes, George S. Patton, estaba preparándose para cruzar el Canal de la Mancha y atacar Pas-de-Calais, el punto más estrecho del Canal y la ruta más directa hacia Alemania.
No había ningún ejército. Los agentes eran espías dobles que trabajaban para los británicos. Las señales de radio las emitían operadores de una sala vacía. Y Patton era un señuelo. Para entender por qué aquella mentira fue la más elaborada y más exitosa de toda la Segunda Guerra Mundial, hay que entender primero el problema que los Aliados necesitaban resolver.
El problema que ningún engaño simple podía resolver
Montgomery, al mando de las fuerzas de invasión aliadas, lo sabía con precisión matemática: tenía 37 divisiones para invadir Francia. Los alemanes tenían aproximadamente 60 formaciones del Ejército en el frente occidental. Si los alemanes concentraban esas fuerzas en Normandía antes o inmediatamente después del desembarco, el resultado podría ser catastrófico.
La única solución era convencer al alto mando alemán de dos cosas simultáneamente: que la invasión real no sería en Normandía sino en otro lugar, y que incluso después de que los Aliados desembarcaran en Normandía, eso no era la invasión principal sino una distracción para lo que vendría después en Calais.
Era una mentira de dos capas. Y para que funcionara necesitaba ser extraordinariamente elaborada.
El hombre que tiró el plan original a la papelera
La planificación de lo que se convertiría en la Operación Fortitude comenzó en diciembre de 1943. El primer borrador, elaborado por el equipo de Noel Wild de Ops (B), proponía crear una amenaza ficticia sobre Pas-de-Calais con un puñado de divisiones inventadas.
El coronel David Strangeways, jefe del equipo de engaño de Montgomery, leyó el plan y lo consideró fundamentalmente defectuoso. Su crítica no era de detalle sino de filosofía: el plan intentaba ocultar las intenciones aliadas en lugar de crear una amenaza tan convincente que los alemanes se vieran obligados a responder militarmente a ella. Convencer a alguien de que algo no va a pasar es mucho más difícil que convencerle de que algo sí va a pasar.
En una reunión del 23 de febrero de 1944, Strangeways cogió una copia del plan, la rompió delante de los planificadores y anunció que lo reescribiría desde cero. Sus colegas asumieron que volvería con el mismo plan con modificaciones cosméticas. Lo que presentó los dejó, en palabras de uno de los presentes, con «asombro».
El Primer Grupo de Ejércitos de los EE.UU.: un ejército de papel con un general de carne y hueso
El plan de Strangeways giraba alrededor de una unidad que ya existía en los registros alemanes: el First United States Army Group, o FUSAG. Era una formación administrativa que nunca había sido operativa, pero los alemanes la habían detectado a través de interceptaciones de radio. Strangeways propuso activarla ficticiamente y convertirla en el corazón del engaño.
Para darle credibilidad, necesitaba un comandante que los alemanes respetaran. La elección fue inmediata: el teniente general George S. Patton. Los alemanes consideraban a Patton el mejor general aliado y daban por sentado que estaría al frente de la operación más importante. Ponerlo al mando de FUSAG haría que el ejército fantasma pareciera completamente real.
Patton visitó personalmente las instalaciones de la zona sureste de Inglaterra con fotógrafos. Fue visto. Fue fotografiado. Su presencia era la garantía de que aquello era auténtico.
Tres espías, veintisiete agentes inventados y una red de desinformación perfecta
La columna vertebral de Fortitude no eran los tanques de goma ni las señales de radio falsas. Era una red de espías dobles que los alemanes creían propios y que en realidad trabajaban para los británicos.
El más importante era Juan Pujol García, conocido como Garbo, un ciudadano español que se había ofrecido voluntariamente como espía doble. Garbo había construido para los alemanes una red ficticia de 27 agentes repartidos por todo el Reino Unido, ninguno de los cuales existía. A través de esa red, filtraba información cuidadosamente seleccionada que construía exactamente la imagen que los Aliados querían proyectar.
Garbo era tan valioso y tan creíble para los alemanes que fue condecorado con la Cruz de Hierro por sus servicios. El mismo hombre recibió también una MBE británica por los mismos servicios. Fue condecorado por los dos bandos simultáneamente por la misma operación.
El polaco Roman Czerniawski (Brutus) y el yugoslavo Dušan Popov (Tricycle) completaban el trío principal. Juntos alimentaban a la inteligencia alemana con una dieta constante de detalles pequeños y verificables, uniformes vistos en tal ciudad, insignias de unidades en determinada carretera, actividad portuaria en el sureste, que permitían a los analistas alemanes construir un cuadro operativo que señalaba directamente a Calais.
Lo que Hitler le dijo al embajador japonés cinco días antes del Día D
El 1 de junio de 1944, cinco días antes de los desembarcos, los analistas de Bletchley Park descifraron un telegrama del embajador japonés en Berlín, Hiroshi Ōshima, a su gobierno en Tokio. En él describía una conversación reciente con Hitler sobre los planes aliados.
Hitler había dicho que esperaba acciones diversivas en varios lugares, Noruega, Dinamarca, el sur de Francia, la costa mediterránea, y que después los Aliados atacarían en fuerza a través del Estrecho de Dover.
Fortitude había funcionado. Hitler no esperaba Normandía. Y lo que era más importante, esperaba que Normandía fuera la distracción.
El engaño que continuó después del Día D
El 6 de junio de 1944, los Aliados desembarcaron en Normandía. Era el mayor desembarco de la historia. Y los alemanes, durante días críticos, lo trataron como una distracción.
Garbo envió un mensaje urgente a sus controladores alemanes el 9 de junio confirmando lo que Hitler ya sospechaba: Normandía era el señuelo. El verdadero ataque vendría después, en Calais, con el ejército de Patton. El mensaje fue tan convincente que el alto mando alemán ordenó a las divisiones de reserva que no se movieran hacia Normandía.
Aquellos días de inacción alemana fueron los que permitieron a los Aliados consolidar su cabeza de playa. El Fifteenth Army alemán, apostado en Calais esperando a Patton, permaneció en posición durante semanas mientras la batalla de Normandía se decidía en su contra.
La farsa de FUSAG se mantuvo activa hasta septiembre de 1944, meses después del Día D. Cuando Patton apareció en Normandía, los planificadores explicaron que había sido degradado por insubordinación. Su sustituto en FUSAG fue el general Lesley McNair, que viajó al frente para inspeccionar las tropas y murió el 24 de julio en un bombardeo aliado accidental sobre sus propias posiciones.
Fortitude North, el plan paralelo diseñado para amenazar Noruega con un ejército fantasma basado en Edimburgo, fue tan convincente que Hitler mantuvo 13 divisiones del ejército estacionadas en Noruega durante toda la campaña de Normandía, esperando una invasión que nunca llegó.
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Apasionado por la historia universal y en especial la del mundo hispánico y sus procesos. Fundador de Historia Histórica, donde publica análisis, biografías y estudios basados en fuentes contrastadas para acercar el rigor académico al lector actual.

