El Escuadrón 303: la unidad más letal de la Batalla de Inglaterra que los censores británicos intentaron ocultar

El verano de 1940, la Luftwaffe estaba destruyendo sistemáticamente la Royal Air Force sobre los cielos del sur de Inglaterra. Gran Bretaña se quedaba sin pilotos. Y en las bases aéreas del país esperaban, sin volar, cientos de aviadores experimentados que ya habían combatido a los alemanes al principio de la Segunda Guerra Mundial. Los británicos no querían dejarles subir a un avión.

Eran polacos. Y eso, al parecer, era un problema.

batallon 303 de la raf

De Varsovia a un campo de entrenamiento en Inglaterra

Cuando Alemania y la Unión Soviética invadieron Polonia en septiembre de 1939, la mayor parte del personal de vuelo y los técnicos de la Fuerza Aérea polaca fue evacuado hacia Rumanía y Hungría. Desde allí, miles encontraron el camino hacia Francia, donde debían reconstituirse las unidades aéreas polacas según el tratado militar francopola de 1921.

Lo que encontraron en Francia no fue exactamente una bienvenida calurosa. El estado mayor francés se mostró reticente a crear grandes unidades polacas y distribuyó a la mayoría de los pilotos en pequeños grupos dispersos. La única unidad grande formada, el Groupe de Chasse I/145, no recibió sus aviones hasta el 18 de mayo de 1940, una semana después de que comenzara la invasión alemana de Francia. Y los aviones que les asignaron eran el Caudron C.714: un caza completamente obsoleto que los propios pilotos calificaron de inservible tras las primeras 23 misiones.

A pesar de ello, volaron. Con aviones que no servían, contra Messerschmitt Bf 109 y Bf 110, y lograron derribar más de 50 aparatos enemigos durante la campaña de Francia antes de que el país capitulara.

La humillación británica

Tras la caída de Francia en junio de 1940, los aviadores polacos cruzaron el Canal. Gran Bretaña era el último refugio. Y la RAF, que estaba perdiendo pilotos a un ritmo alarmante frente a la Luftwaffe, los recibió con una lista de condiciones que rayaba en la humillación.

Los polacos solo podrían integrarse como voluntarios de la reserva de la RAF. Vestirían uniformes británicos, no polacos. Cada oficial necesitaría un oficial británico paralelo que lo supervisara. Y todos, sin excepción, comenzarían desde el rango más bajo posible: el de alférez, el grado más modesto de la escala de mando. Solo después de ser destinados a unidades activas podrían aspirar a un ascenso.

El mariscal del aire Sir Hugh Dowding admitió años después que inicialmente había tenido sus dudas sobre los aviadores polacos. Mientras tanto, sus dudas mantenían en tierra a pilotos con cientos de horas de combate mientras la RAF sangraba sobre los cielos del sur de Inglaterra.

Agosto de 1940: ya no había tiempo para dudar

La situación era insostenible. La Batalla de Inglaterra estaba en su fase más crítica y la RAF no tenía pilotos suficientes. En agosto de 1940, las autoridades británicas cedieron y activaron cuatro escuadrones polacos: dos de bombardeo, el 300 y el 301, y dos de caza, el 302 y el 303.

Este último cambiaría la historia de la batalla.

El Escuadrón 303, formado sobre la base de los regimientos aéreos de Varsovia y Poznań, entró en combate en la tercera fase de la Batalla de Inglaterra a finales de agosto de 1940. Volaban el Hawker Hurricane. Y desde el primer momento sus tasas de derribo fueron extraordinarias, muy por encima de las de los escuadrones británicos de la Commonwealth con menos experiencia de combate.

Los pilotos que los censores intentaron silenciar

Los pilotos polacos habían combatido en Polonia en 1939. Muchos habían combatido también en Francia. Llegaban a Inglaterra con un nivel de experiencia real en combate que pocos aviadores británicos podían igualar, y con una motivación que tampoco admitía comparación: sus familias estaban bajo ocupación nazi y soviética. No tenían nada que perder y un país entero que vengar.

El Escuadrón 303 se convirtió en la unidad de caza más eficaz de la RAF en ese período. Cuando los comandantes de la RAF quisieron hacer público este hecho, los censores del gobierno lo prohibieron. No está completamente claro por qué, aunque el hecho de que los héroes de la Batalla de Inglaterra fueran extranjeros desplazados y no ciudadanos británicos parece haber incomodado a alguien en los despachos de Londres.

El periodista americano Ralph Ingersoll, de visita en Londres a finales de 1940, escribió que los polacos eran el tema de conversación de toda la ciudad por sus victorias. También describió, con cierta ironía, cómo aquellos mismos pilotos que al principio habían memorizado frases básicas en inglés para identificarse si eran derribados sobre suelo británico y evitar ser confundidos con alemanes, regresaban ahora de sus misiones con una reputación que precedía a sus aviones.

El precio de luchar por un país que no era el suyo

Al final de la guerra, alrededor de 19.400 polacos prestaban servicio en las Fuerzas Aéreas Polacas en Gran Bretaña y en la propia RAF. Habían volado en escuadrones de caza, bombardeo, reconocimiento, patrulla costera y misiones especiales nocturnas. Habían atacado barcos de invasión alemanes en puertos franceses. Habían bombardeado objetivos en territorio alemán.

Y cuando terminó la guerra, Polonia quedó bajo ocupación soviética. Solo una pequeña parte de los pilotos pudo o quiso regresar a su país, donde muchos sufrieron acoso y persecución por haber servido bajo mando occidental. El resto se acogió a la Ley de Reasentamiento Polaco de 1947 y permaneció en Gran Bretaña, exiliado permanentemente de la tierra por la que habían combatido.

El gobierno británico había informado al general Sikorski desde el principio de que, al terminar la guerra, Polonia sería facturada por todos los costes derivados del mantenimiento de sus fuerzas en suelo británico.

Un total de 145 pilotos polacos participaron en la Batalla de Inglaterra. Fue la mayor contribución no británica de todo el conflicto.

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Apasionado por la historia universal y en especial la del mundo hispánico y sus procesos. Fundador de Historia Histórica, donde publica análisis, biografías y estudios basados en fuentes contrastadas para acercar el rigor académico al lector actual.