La noche en que el ejército títere de Japón se rebeló y se volvió contra sus propios instructores

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Los hombres que custodiaban la ciudad habían sido entrenados, armados y financiados por los propios japoneses. Esa madrugada, se volvieron contra ellos.

Era el 29 de julio de 1937, en Tongzhou, una ciudad amurallada al este de Pekín, y acababa de estallar uno de los episodios más brutales de las primeras semanas de la Segunda Guerra Sino-Japonesa.

Una ciudad convertida en capital de un títere

A principios de 1937, Tongzhou no era una ciudad china cualquiera. Se había convertido en la capital del Gobierno Autónomo de Hebei Oriental, un estado títere creado por Japón para controlar el distrito estratégico al este de Pekín.

Al frente de ese gobierno estaba Yin Ju-keng, un político chino que había declarado la autonomía respecto al gobierno nacionalista de Nankín, bajo la tutela directa de Japón.

Semanas antes, el incidente del Puente de Marco Polo había desencadenado oficialmente la guerra entre China y Japón. Y esa tensión ya se sentía también en Tongzhou.

Un ejército chino acampado a las puertas de la ciudad

En julio, un destacamento de unos 800 soldados del 29º Ejército chino, leales al gobierno nacionalista y bajo el mando del general Sung Che-yuan, acampó justo a las afueras de las murallas de Tongzhou.

Los japoneses protestaron con firmeza exigiendo que aquellas tropas se retiraran. Lo que no sabían era que el general Sung ya había alcanzado un acuerdo secreto con el propio Yin Ju-keng.

El líder del gobierno títere veía en esas tropas nacionalistas una oportunidad: quería aprovecharlas para librarse de sus tutores japoneses.

El detonante llegó el 27 de julio

El comandante japonés exigió que las tropas chinas depusieran las armas. La negativa desató el enfrentamiento al día siguiente.

Los soldados chinos, muy inferiores en número y armamento, quedaron atrapados entre las fuerzas japonesas y las murallas de la ciudad. Aun así, se negaron a rendirse en lo que se convertía prácticamente en una misión suicida.

Esa resistencia desesperada tendría un efecto que nadie en el bando japonés esperaba.

Cuando los aliados se convirtieron en verdugos

El 28 de julio, mientras el destacamento chino era prácticamente aniquilado fuera de las murallas, algo se rompió dentro de la propia guarnición de Hebei Oriental.

Unos 5.000 soldados entrenados por los japoneses, pertenecientes a las fuerzas de seguridad del gobierno títere, se amotinaron contra sus propios instructores.

Los guardias japoneses encargados de proteger a la población civil apenas sumaban 163 hombres, incluyendo personal de limpieza y servicio doméstico. Las tropas amotinadas los superaban en una proporción abrumadora.

Una noche de matanza descontrolada

Al amanecer del 29 de julio de 1937, las tropas amotinadas tomaron el control total de la ciudad. Lo que siguió fue descrito por historiadores posteriores como una auténtica orgía de violencia.

Militares y civiles japoneses fueron asesinados sin distinción. Numerosas mujeres japonesas fueron violadas, y algunas también asesinadas. Gran parte de la ciudad ardió, incendiada durante los disturbios.

Las cifras varían según la fuente, pero rondan las 260 víctimas civiles, en su mayoría japonesas, aunque también hubo coreanos que trabajaban para la administración japonesa. Del total de residentes japoneses en la ciudad, solo unos 60 sobrevivieron para contar lo ocurrido.

Un incidente que Japón utilizó a su favor

Las noticias del suceso corrieron rápido, y el gobierno japonés no tardó en aprovecharlas políticamente.

El eslogan que empezó a circular por Japón resumía el clima de la época: «Castigar a la ultrajante China». El sentimiento antichino, ya alimentado por semanas de tensión, se disparó dentro de la opinión pública japonesa.

El incidente sirvió como justificación adicional para intensificar la ofensiva militar japonesa en el norte de China, apenas semanas después de que comenzara oficialmente la guerra entre ambos países.

El motín de Tongzhou sirvió así como argumento definitivo para que el Imperio de Japón intensificara la movilización total y desplegara cientos de miles de tropas adicionales en el norte de China, acelerando la escala de un conflicto que terminaría integrándose de lleno en la Segunda Guerra Mundial.

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Apasionado por la historia universal y en especial la del mundo hispánico y sus procesos. Fundador de Historia Histórica, donde publica análisis, biografías y estudios basados en fuentes contrastadas para acercar el rigor académico al lector actual.