El ataque a Pearl Harbor

Pearl Harbor fue el ataque aeronaval sorpresa que la aviación japonesa lanzó el 7 de diciembre de 1941 contra la base naval estadounidense de Hawái. La ofensiva destruyó gran parte de la flota del Pacífico y provocó la entrada de Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial.
Esta incursión, una de las más estudiadas de la historia militar contemporánea, buscaba neutralizar de un solo golpe a la principal potencia capaz de frenar la expansión imperial japonesa en Asia y el Pacífico. A continuación se explica su contexto, su desarrollo y sus consecuencias inmediatas.
El contexto: el expansionismo japonés y el choque con Estados Unidos
Desde la era Meiji, a finales del siglo XIX, Japón había emprendido una política de expansión territorial en Asia oriental que le llevó a anexionarse Taiwán, Corea y el sur de Sajalín. La crisis económica de los años treinta reforzó el poder de los sectores militaristas y nacionalistas, que impulsaron nuevas conquistas: la invasión de Manchuria en 1931 y la guerra contra China desde 1937.
Japón buscaba establecer la llamada Esfera de Coprosperidad de la Gran Asia Oriental, un bloque económico autosuficiente bajo control nipón que expulsara a las potencias occidentales del Pacífico. Esta ambición chocaba directamente con los intereses estadounidenses en la región, en especial en Filipinas, entonces bajo protectorado de Washington.
La tensión bilateral se agravó de forma progresiva:
- En 1937, la aviación japonesa hundió por error el buque estadounidense USS Panay en aguas chinas, sin que Washington reaccionara militarmente.
- El presidente Franklin D. Roosevelt condenó públicamente el militarismo japonés en su Discurso de la Cuarentena.
- Tras la ocupación japonesa de Indochina francesa, Estados Unidos, Gran Bretaña y los Países Bajos decretaron en el verano de 1941 un embargo total de petróleo y acero contra Japón, además de congelar sus activos financieros.
- Las negociaciones diplomáticas de otoño de 1941 fracasaron: Japón exigía el fin del apoyo estadounidense a China, mientras que el secretario de Estado Cordell Hull reclamaba la retirada japonesa del país.
Ante ese callejón sin salida, una conferencia imperial celebrada a finales de noviembre de 1941 decidió que, si Estados Unidos no reconocía la nueva esfera de influencia japonesa, Japón recurriría a la fuerza.
Los preparativos del ataque
El plan de atacar por sorpresa la base de Pearl Harbor fue diseñado por el almirante Isoroku Yamamoto a comienzos de 1941, inspirándose en el ataque naval japonés contra la flota rusa de Port Arthur en 1904. El proyecto se presentó a la Escuela de Guerra Naval, donde varios oficiales expresaron dudas por las malas condiciones meteorológicas previstas para diciembre, pero Yamamoto insistió: Pearl Harbor concentraba la mayor parte de la flota estadounidense del Pacífico y era el principal obstáculo para los planes expansionistas japoneses.
El plan perseguía un doble objetivo, defensivo y ofensivo a la vez: asegurar el abastecimiento de combustible necesario para sostener la guerra en China, y debilitar a Estados Unidos lo suficiente como para obligarle a aceptar la nueva situación en Asia oriental.
Para maximizar el factor sorpresa, Yamamoto decidió atacar en domingo por la mañana, cuando buena parte de las tripulaciones se encontraba en tierra. El 3 de noviembre de 1941, el almirante Chuichi Nagumo fue nombrado comandante de la flota de ataque, formada por seis portaaviones, dos acorazados, varios cruceros, destructores y submarinos. El 2 de diciembre, el Consejo Imperial japonés dio la orden definitiva de atacar.
El desarrollo del ataque: 7 de diciembre de 1941
La primera oleada
A las 6:00 de la mañana, hora de Hawái, despegó la primera oleada de ataque, formada por 183 aparatos al mando del capitán Mitsuo Fuchida: bombarderos, aviones torpederos, bombarderos en picado y cazas de escolta.
Poco antes, a las 6:37, el destructor USS Ward había hundido un submarino japonés de reconocimiento que trataba de infiltrarse en el puerto. A las 7:02, dos soldados de la estación de radar del norte de Oahu detectaron una gran formación de aviones aproximándose, pero el oficial de guardia, convencido de que se trataba de un vuelo de bombarderos B-17 esperados esa misma mañana, decidió ignorar la alerta.
A las 7:58, las primeras bombas cayeron sobre la base sin previo aviso. Cinco minutos después, Fuchida transmitió a la flota japonesa el célebre mensaje en clave «Tora, Tora, Tora» («Tigre, Tigre, Tigre»), confirmando que el efecto sorpresa había sido total.
El golpe más devastador de esta primera oleada fue el hundimiento del acorazado USS Arizona, alcanzado a las 8:10 por diez bombarderos japoneses. Sus 450 toneladas de munición almacenada provocaron una reacción en cadena que destruyó el buque en cuestión de minutos, matando a la mayoría de los hombres a bordo. Solo 333 marinos del Arizona sobrevivieron, y hasta hoy el combustible que aún desprenden sus restos hundidos simboliza para muchos las lágrimas de los caídos.
La segunda oleada
Una hora después de finalizada la primera embestida, despegó una segunda oleada de 168 aparatos al mando del teniente Shigekazu Shimazaki, que prolongó el ataque hasta las 9:45 de la mañana. Los soldados estadounidenses, muchos aún en pijama, respondieron como pudieron con la artillería antiaérea disponible.

Entre los actos de heroísmo de esa mañana destacó el del cocinero Doris Miller, a bordo del USS West Virginia, que sin entrenamiento previo tomó el control de una ametralladora antiaérea para defender su barco, hazaña por la que sería condecorado con la Cruz de la Armada.
A las 15:00 horas, convencido de que la flota estadounidense había quedado aniquilada, el almirante Nagumo ordenó la retirada de sus fuerzas hacia Japón, renunciando a una tercera oleada que podría haber destruido los talleres de reparación y los depósitos de combustible de la base, intactos tras el ataque.
La reacción de Churchill y la entrada de Estados Unidos en la guerra
La noticia del ataque llegó esa misma noche a Winston Churchill, que se encontraba cenando en Chequers junto al embajador estadounidense John Winant. Tras confirmar la noticia por teléfono con el propio Roosevelt, Churchill escribió después en sus memorias que sintió una honda satisfacción: tras diecisiete meses de lucha en solitario, supo de inmediato que la guerra estaba, en última instancia, ganada, porque Estados Unidos ya no se mantendría al margen del conflicto.
Al día siguiente, el 8 de diciembre, Roosevelt se dirigió al Congreso para solicitar la declaración de guerra a Japón, calificando la fecha del ataque como un «día que vivirá en la infamia». El 11 de diciembre, Alemania e Italia, aliadas de Japón en el marco del Pacto Tripartito, declararon a su vez la guerra a Estados Unidos, con lo que el conflicto se convirtió definitivamente en una guerra mundial en el sentido más literal del término.
El 22 de diciembre de 1941, Churchill y Roosevelt se reunieron en Washington en la Conferencia Arcadia para coordinar la estrategia aliada, y el 1 de enero de 1942 veintiséis países, entre ellos Estados Unidos, Gran Bretaña, China y la Unión Soviética, firmaron la Declaración de las Naciones Unidas, comprometiéndose a no firmar la paz por separado.
Los errores estratégicos japoneses
Pese a su éxito táctico inmediato, el historiador Tosh Minohara identificó cuatro errores decisivos que convirtieron la victoria japonesa en un fracaso estratégico a medio plazo:
- La retirada precipitada de Nagumo, que renunció a una tercera oleada por miedo a perder sus propios portaaviones.
- El ataque se produjo cuando los tres portaaviones estadounidenses del Pacífico, el Lexington, el Enterprise y el Saratoga, se encontraban fuera de la base, por lo que sobrevivieron intactos y serían decisivos meses después en la batalla de Midway.
- Los japoneses no atacaron los talleres de reparación ni los depósitos de combustible de la base, lo que permitió que el 80 % de los barcos dañados fueran reparados y devueltos al servicio en poco tiempo.
- El mensaje diplomático japonés que debía preceder formalmente al ataque llegó tarde y sin descifrar a tiempo, de modo que la ofensiva se produjo, de hecho, sin una declaración de guerra previa, lo que unificó a la opinión pública estadounidense en torno a la respuesta bélica.
La polémica sobre la responsabilidad de Roosevelt
El ataque generó una intensa controversia sobre las responsabilidades y negligencias previas. Entre 1941 y 1946 se abrieron hasta ocho comisiones de investigación, la primera de las cuales, dirigida por el juez Owen Roberts, culpó directamente al almirante Kimmel y al general Short de no haber preparado adecuadamente la defensa de la base.
Una corriente historiográfica «revisionista», impulsada sobre todo por opositores políticos de Roosevelt, llegó a sostener que el presidente conocía de antemano el ataque y lo permitió deliberadamente para forzar la entrada de Estados Unidos en la guerra. Historiadores como Charles Beard cuestionaron la política exterior de Roosevelt sin llegar a acusarle de complicidad directa, mientras que autores como John Toland defendieron abiertamente la tesis del complot.
Contra esa interpretación pesan varios hechos: los mensajes interceptados a Japón eran fragmentarios y difíciles de descifrar a tiempo, un número muy elevado de funcionarios habría tenido que participar del supuesto encubrimiento sin que trascendiera, y hasta la fecha no se ha localizado ningún documento que demuestre que Roosevelt deseara o facilitara conscientemente el ataque.
El balance humano y material
Las cifras del ataque reflejan la magnitud del golpe sufrido por la flota estadounidense:
- Alrededor de 2.403 militares y civiles estadounidenses muertos o desaparecidos, y 1.178 heridos.
- Casi la mitad de esas bajas se concentró en la explosión del USS Arizona.
- Cuatro acorazados hundidos y otros cuatro dañados, además de otros 13 buques afectados.
- 188 aviones estadounidenses destruidos y 155 dañados.
- Del lado japonés, 64 soldados muertos, un prisionero capturado, 29 aviones derribados y 5 submarinos hundidos.
Consecuencias del ataque
El impacto de Pearl Harbor se extendió mucho más allá de sus resultados militares inmediatos:
- Precipitó la entrada oficial de Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial, tanto en el frente del Pacífico como en el europeo.
- Puso en marcha la reconversión de la economía estadounidense hacia la producción bélica a gran escala, con el llamado «Programa para la Victoria».
- Provocó el internamiento forzoso de más de 100.000 personas de origen japonés residentes en Estados Unidos, una decisión por la que Washington pediría disculpas y ofrecería compensación décadas después, en 1988.
- Reforzó el frente aliado con la firma de la Declaración de las Naciones Unidas, germen de la futura organización internacional que se fundaría en 1945.
- Selló el destino final de Japón, que se enfrentaría en los años siguientes a una potencia industrial capaz de reconstruir en meses la flota que creía haber destruido en una sola mañana.
El propio Yamamoto, escéptico desde el principio sobre las posibilidades de Japón frente al potencial industrial estadounidense, había advertido antes del ataque que solo confiaba en «desatar en el gigante dormido una furia terrible» durante los primeros seis meses de guerra; la batalla de Midway, apenas cinco meses después, confirmaría lo acertado de ese temor.
Fuentes consultadas
- Beevor, Antony. La Segunda Guerra Mundial. Barcelona, Pasado & Presente.
- Churchill, Winston S. La Segunda Guerra Mundial. Barcelona, La Esfera de los Libros.
- Domingos Valentim, Victoria. Pearl Harbor. 50Minutos.es.
- Leguineche, Manuel. Recordad Pearl Harbor.
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Apasionado por la historia universal y en especial la del mundo hispánico y sus procesos. Fundador de Historia Histórica, donde publica análisis, biografías y estudios basados en fuentes contrastadas para acercar el rigor académico al lector actual.

