La ciudad que retrasó la Blitzkrieg lo justo para que Hitler empezara a dudar

Cuatro ejércitos completos quedaron atrapados en una bolsa de la que apenas lograron escapar unos pocos. El resto, unos 300.000 hombres, terminaron como prisioneros.
Era finales de julio de 1941, y la batalla de Smolensk acababa de concluir con una de las mayores capturas masivas de soldados de toda la Segunda Guerra Mundial.
Un avance que parecía imparable
Apenas tres semanas antes, el 22 de junio de 1941, Alemania había lanzado la Operación Barbarossa, la invasión de la Unión Soviética. El Grupo de Ejércitos Centro, bajo el mando del mariscal de campo Fedor von Bock, avanzaba con una velocidad que parecía imposible de detener.
Sus dos puntas de lanza blindadas eran el general Heinz Guderian, al frente del Grupo Panzer 2, y el general Hermann Hoth, comandando el Grupo Panzer 3.
Ya habían protagonizado antes un episodio similar: a finales de junio, sus divisiones habían cercado tres ejércitos soviéticos completos en las bolsas de Bialystok y Minsk, capturando más de 320.000 hombres.
Smolensk, la puerta tradicional hacia Moscú
Tras Minsk, ambos grupos panzer siguieron avanzando hacia el este sin apenas detenerse. Su siguiente objetivo era una ciudad con un peso histórico enorme: Smolensk, situada sobre el río Dniéper.
Durante siglos, cualquier ejército invasor que se dirigiera hacia Moscú había tenido que pasar antes por esta ciudad. Era, literalmente, la puerta tradicional de entrada a la capital rusa.
El 10 de julio de 1941, Guderian cruzó el Dniéper y aniquiló lo que quedaba del 13º Ejército soviético, que apenas había logrado escapar semanas antes del desastre de Minsk. Al mismo tiempo, el cuerpo de Hoth atacaba desde el norte, a través de Vítebsk.
El cerco se cierra sobre cuatro ejércitos soviéticos
Los soviéticos no tuvieron tiempo de organizar una defensa adecuada ante la velocidad del ataque alemán. El 16 de julio, las tropas de Guderian entraron en Smolensk, convergiendo con el avance de Hoth desde el norte.
Cuatro ejércitos soviéticos completos —el 13º, el 16º, el 19º y el 20º— quedaron atrapados en lo que los alemanes llamaban un Kessel, literalmente una «caldera» o bolsa de cerco.
Al mando de esas fuerzas soviéticas atrapadas estaban generales como Iván Kónev y Mijaíl Lukin, intentando desesperadamente organizar una resistencia o una vía de escape para sus hombres.
Los contraataques soviéticos que no lograron romper el cerco
A partir del 11 de julio, el mando soviético intentó algo que hasta entonces no había ensayado: una serie de contraataques coordinados a gran escala contra el frente alemán.
El 19º y el 20º Ejército golpearon cerca de Vítebsk. El 21º Ejército, junto con los restos del 3º, atacó el flanco sur del Grupo Panzer 2 cerca de Bobruisk. Incluso otras unidades soviéticas intentaron maniobras similares contra los grupos de ejércitos Norte y Sur alemanes.
El esfuerzo, sin embargo, resultó casi por completo un fracaso. Lograron frenar ligeramente el avance alemán, pero de forma tan marginal que el propio mando germano apenas lo registró como una amenaza seria.
El resultado final: 300.000 prisioneros
Cuando el cerco quedó finalmente restablecido y la bolsa fue eliminada por completo, el balance resultó devastador para el Ejército Rojo.
Aproximadamente 300.000 soldados soviéticos fueron hechos prisioneros. Algunas fuentes elevan la cifra total hasta los 340.000, sumando las distintas fases de la batalla.
Sin embargo, no todo fue una victoria sin matices para Alemania. Por primera vez desde el inicio de la invasión, la resistencia soviética había demostrado algo inquietante para el alto mando alemán: la Unión Soviética estaba lejos de estar derrotada, y aquel avance relámpago hacia Moscú no iba a ser el paseo militar que muchos generales alemanes habían anticipado.
Las disputas dentro del alto mando alemán se intensificaron a partir de entonces. Mientras generales como Bock, Hoth y Guderian defendían concentrar todas las fuerzas blindadas en un asalto directo sobre Moscú, Hitler insistía en dispersarlas hacia objetivos económicos como Ucrania, la cuenca del Donets y el Cáucaso.
Esa decisión, tomada en las semanas posteriores a Smolensk, retrasaría el ataque definitivo sobre la capital soviética hasta el otoño, cuando el invierno ruso ya empezaba a acechar en el horizonte.
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Apasionado por la historia universal y en especial la del mundo hispánico y sus procesos. Fundador de Historia Histórica, donde publica análisis, biografías y estudios basados en fuentes contrastadas para acercar el rigor académico al lector actual.

