Fue el mejor general de Washington. Luego les vendió los planos de la fortaleza más importante de América

benedict arnold

George Washington confiaba tan ciegamente en él que le entregó el mando de West Point, la fortaleza más estratégica de toda América. Semanas después, ese mismo hombre estaba negociando en secreto su entrega al enemigo.

Benedict Arnold nació en Norwich, Connecticut, el 14 de enero de 1741, en el seno de una familia que conoció tanto la prosperidad como la ruina. Su padre cayó en el alcoholismo, sus hermanos murieron de fiebre amarilla en la infancia, y el joven Arnold tuvo que abandonar sus estudios para mantenerse como aprendiz de boticario. De esa dureza temprana surgió un carácter ambicioso, brillante y profundamente resentido con cualquier forma de injusticia, real o percibida.

Cuando estalló la Guerra de Independencia de los Estados Unidos, Arnold era ya un comerciante exitoso con tres barcos propios y una red de negocios que llegaba hasta las Indias Occidentales. Se unió al ejército patriota con la misma energía con la que había construido su fortuna: sin miedo y sin pausa.

El militar que nadie podía ignorar

En mayo de 1775, Arnold participó en la captura del Fuerte Ticonderoga junto a Ethan Allen, arrebatando a los británicos uno de sus enclaves mejor armados en el norte. Meses después, lideró una expedición de 1.100 hombres a través de los pantanos y bosques de Maine para atacar Quebec City, una marcha en la que 300 hombres se volvieron atrás y otros 200 murieron en el camino. Arnold llegó igualmente, con la pierna destrozada por un disparo.

En la batalla de Valcour Island en el lago Champlain, construyó una flota improvisada y la usó para retrasar el avance británico durante meses, ganando tiempo vital para que el ejército continental preparara sus defensas en Nueva York.

Su actuación más decisiva llegó en las batallas de Saratoga en octubre de 1777, donde desobedeció las órdenes de su superior, el general Gates, salió al campo de batalla por propia iniciativa y condujo los ataques más agresivos contra las posiciones británicas. Burgoyne se rindió diez días después. Saratoga convenció a Francia de entrar en la guerra del lado americano. Arnold fue el artífice de esa victoria, aunque Gates se llevó el crédito oficial.

El principio del fin

Ahí empezó la fractura. Arnold llevaba años acumulando agravios. El Congreso lo había postergado en los ascensos, dejando que generales con menos méritos le adelantaran en el escalafón. Lo investigaron por presunta corrupción en el manejo de fondos durante la expedición a Quebec. Washington le reprendió públicamente por conducta impropia en Filadelfia, una semana después de haberle felicitado por el nacimiento de su hijo.

Herido dos veces en combate, con una pierna que le quedó dos pulgadas más corta que la otra tras negarse a amputársela, Arnold caminaba con bastón y arrastraba una deuda enorme con el Congreso que no podía documentar porque los registros se habían perdido en la retirada de Quebec.

En Filadelfia comenzó a frecuentar círculos leales a la Corona y se casó con Peggy Shippen, una joven de familia lealista que había mantenido una relación cercana con el espía británico John André. Muchos historiadores consideran que fue ella quien facilitó el primer contacto de Arnold con el bando enemigo.

La traición

En mayo de 1779, Arnold envió a un intermediario al cuartel general británico con una propuesta: estaba dispuesto a cambiar de bando. Pasó más de un año filtrando información, posiciones de tropas, movimientos de flotas francesas y rutas de suministro. Todo a través de cartas cifradas usando un sistema basado en los Comentarios sobre las Leyes de Inglaterra de William Blackstone como clave criptográfica.

Washington, ignorante de todo esto, le concedió el mando de West Point en agosto de 1780. Arnold comenzó inmediatamente a debilitar la fortaleza desde dentro: dejó sin hacer las reparaciones necesarias, dispersó las tropas, vació los almacenes de suministros. El precio pactado con los británicos era 20.000 libras, equivalentes a más de tres millones de libras actuales, por entregar el fuerte.

El plan se deshizo cuando militianos americanos capturaron al mayor André cerca de Tarrytown llevando encima los planos de West Point y documentos firmados por Arnold. Cuando le llegó la noticia, Arnold huyó en barca al buque británico HMS Vulture anclado en el río Hudson. André fue juzgado y ahorcado. Arnold escapó.

Washington, al conocer la traición, pronunció una sola frase: «Arnold ha traicionado mi confianza. ¿A quién podemos creer ahora?»

Un traidor sin tierra

Los británicos le dieron una comisión de brigadier general y una pensión de 360 libras anuales, pero nunca confiaron del todo en él. Lideró ataques contra Virginia y arrasó New London, Connecticut, la ciudad más cercana a su propio pueblo natal. Los oficiales británicos lo despreciaban. Los americanos lo odiaban.

Murió en Londres el 14 de junio de 1801, con 60 años, aquejado de gota y de dropesía. Sus restos fueron trasladados por error a una fosa común anónima durante unas reformas en la iglesia donde fue enterrado un siglo después.

En West Point, la academia militar de los Estados Unidos, hay una placa que conmemora a todos los generales que sirvieron en la Revolución. Una de ellas lleva solo un rango y una fecha, sin nombre. Pone: «major general, nacido en 1740».

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Apasionado por la historia universal y en especial la del mundo hispánico y sus procesos. Fundador de Historia Histórica, donde publica análisis, biografías y estudios basados en fuentes contrastadas para acercar el rigor académico al lector actual.