¿Por qué se celebra con fuegos artificiales el 4 de julio? El oscuro origen de la tradición

El 3 de julio de 1776, un día después de que el Congreso Continental votara a favor de la independencia de Estados Unidos, John Adams le escribió una carta a su esposa Abigail desde Filadelfia. No describía lo que había ocurrido. Describía lo que, según él, debía ocurrir cada año en adelante: desfiles, juegos, campanas, hogueras y, sobre todo, «illuminations», es decir, cohetes y fuegos que iluminaran la noche de un extremo al otro del continente.

fuegos artificiales 4 de julio

Era una visión casi profética. Con un solo error: Adams pensaba que la fecha sería el 2 de julio, el día de la votación. El documento final se aprobó dos días después. Se equivocó por 48 horas. Pero su idea de celebrarlo con explosivos quedó grabada para siempre.

La primera fiesta que casi incendió una ciudad

Un año más tarde, el 4 de julio de 1777, Filadelfia organizó la primera celebración oficial del aniversario de la independencia. Lo que ocurrió aquella noche no tenía nada que ver con los espectáculos sincronizados y controlados que conocemos hoy.

La Marina Americana abrió los actos disparando una salva de 13 cañonazos, uno por cada colonia. Cuando cayó la noche, se encendieron grandes hogueras y se lanzaron cohetes al cielo. El periódico Virginia Gazette describió el espectáculo con entusiasmo: la ciudad estaba bellamente iluminada y los cohetes fueron tan brillantes que «la noche estaba tan clara como el día».

Lo que el periódico no describió con tanto detalle fue el resto.

Pólvora militar, madera seca y multitudes borrachas

Los fuegos artificiales del siglo XVIII no eran producto de una industria especializada en entretenimiento pirotécnico. Eran, en esencia, explosivos militares adaptados para la celebración. Cargas de pólvora lanzadas sin sistemas de control, sin distancias de seguridad calculadas, sin personal entrenado específicamente para ello.

Las ciudades coloniales eran en su mayor parte construcciones de madera. Y la combinación de pólvora, madera seca y multitudes celebrando con alcohol era, predeciblemente, un desastre en potencia. Las crónicas de aquellas primeras décadas de celebraciones están salpicadas de incendios en edificios, quemaduras graves y muertes accidentales. Los soldados disparaban mosquetes y cañones al aire en medio de las multitudes. Los cohetes caían donde caían.

La visión de Adams de una celebración luminosa y majestuosa se cumplía. La versión real tenía considerablemente más víctimas de las que él había imaginado.

Las hogueras que competían en altura

En Nueva Inglaterra, la noche previa al 4 de julio se convirtió en el momento central de las celebraciones locales, marcado por una tradición peculiar y peligrosa: los pueblos competían entre sí para construir las pirámides de barriles más altas posibles. Se apilaban barril sobre barril, decenas de ellos, y se encendían al caer la noche como señal de inicio de los festejos.

Salem, Massachusetts, llegó a construir pirámides de hasta cuarenta niveles de barriles, lo que las convierte en algunas de las hogueras más altas jamás registradas en la historia de Estados Unidos. La costumbre floreció durante los siglos XIX y XX y todavía se practica en algunas localidades del noreste del país.

Era la visión de Adams llevada a su expresión más literal: iluminar la noche de un extremo al otro del continente.

Después de 1812, algo empezó a cambiar

Fue tras la Guerra de 1812 contra los británicos cuando los fuegos artificiales comenzaron a evolucionar hacia algo más parecido a un espectáculo organizado. La tradición se consolidó, se extendió y, gradualmente, se fue profesionalizando. Las celebraciones siguieron siendo caóticas durante décadas, pero la industria pirotécnica fue desarrollando mejores técnicas y materiales.

La visión que Adams había escrito en aquella carta el 3 de julio de 1776 se fue cumpliendo, aniversario tras aniversario, de forma cada vez más literal y cada vez más espectacular. Desfiles. Juegos. Campanas. Hogueras. Iluminaciones.

Hoy, el 4 de julio es uno de los períodos de mayor tráfico del año en Estados Unidos, con millones de familias desplazándose para reunirse y ver los espectáculos nocturnos. La ciudad de Nueva York organiza el mayor show del país, patrocinado por Macy’s, con espectáculos que han llegado a consumir más de 22 toneladas de pirotecnia en una sola noche.

Adams no podía imaginar la escala. Pero la estructura de la celebración que describió en aquella carta, escrita antes de que existiera el país que iba a celebrarse, se cumplió con una precisión que roza lo inverosímil.

Cada año, los servicios de urgencias de los hospitales estadounidenses atienden alrededor de 12.000 heridos por fuegos artificiales, la mayoría menores de edad. Los fuegos artificiales provocan más de 18.000 incendios anuales en territorio americano.

Doscientos cuarenta y nueve años después de aquella primera noche en Filadelfia, la pólvora sigue haciendo lo mismo que siempre hizo.

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Apasionado por la historia universal y en especial la del mundo hispánico y sus procesos. Fundador de Historia Histórica, donde publica análisis, biografías y estudios basados en fuentes contrastadas para acercar el rigor académico al lector actual.