De 160.000 a unos pocos cientos: lo que el Ejército Rojo encontró al liberar Lviv

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Cuando los soldados soviéticos entraron en la ciudad, apenas encontraron gente que recibirlos. De una comunidad de 160.000 personas, solo quedaban unos cientos con vida.

Era el 26 de julio de 1944, y el Ejército Rojo acababa de liberar Lviv, una ciudad estratégica del oeste de Ucrania, durante una de las fases más decisivas de la Segunda Guerra Mundial.

Una ciudad que cambió de dueño tres veces

Antes de la guerra, Lviv era un centro cultural y comercial próspero, con la tercera comunidad judía más numerosa de toda Polonia.

En 1939, tras el pacto entre Hitler y Stalin, la ciudad quedó bajo administración soviética. Miles de refugiados judíos huyeron hacia allí desde la Polonia ocupada por los nazis, buscando escapar de lo que ya se intuía como una amenaza mortal.

Esa huida elevó la población judía de la ciudad hasta las 160.000 personas hacia el verano de 1941.

La tranquilidad relativa terminó en junio de ese mismo año. Cuando Alemania invadió la Unión Soviética, el Ejército Rojo se retiró de Lviv y, apenas unos días después, las tropas alemanas ocuparon la ciudad.

El comienzo del exterminio

La matanza empezó casi de inmediato. Los alemanes, junto a colaboradores locales, difundieron el rumor de que los judíos habían participado en la ejecución de prisioneros políticos ucranianos hallados en las mazmorras de la policía soviética.

En cuatro días de disturbios organizados, 4.000 judíos fueron asesinados.

Poco después llegó otro pogromo, conocido como los «Días de Petliura», en homenaje al líder que había organizado matanzas similares tras la Primera Guerra Mundial. Durante tres días, milicianos ucranianos arrasaron los barrios judíos de la ciudad.

A partir de ahí, el mecanismo de exterminio se volvió sistemático.

El gueto y los campos de la muerte

Los nazis confinaron a la población judía superviviente en un gueto. Desde allí, comenzaron las deportaciones masivas hacia campos de exterminio como Belzec.

Solo en 1943, entre junio y julio, los alemanes enviaron a 7.000 judíos al campo de Janowska, donde fueron asesinados casi de inmediato. Otros 3.000 murieron directamente dentro del propio gueto.

Cuando los judíos intentaron resistir con las armas que consiguieron reunir, mataron a nueve alemanes e hirieron a veinte más. La respuesta fue brutal: los edificios del gueto fueron dinamitados para forzar a la gente a salir a espacio abierto.

Como ocurrió en la mayoría de los guetos polacos, el de Lviv fue disuelto a finales de 1943. Los pocos habitantes que quedaban fueron enviados a distintos campos o directamente fusilados en los bosques cercanos.

Los que se escondieron para sobrevivir

Para cuando el Ejército Rojo se acercaba a la ciudad en 1944, apenas quedaban judíos con vida en Lviv, más allá de un puñado retenido en instalaciones militares alemanas y unos pocos miles todavía en el campo de Janowska.

Algunos sobrevivieron escondidos en refugios preparados de antemano, en casas de vecinos no judíos, o utilizando documentación falsa para hacerse pasar por otra identidad.

La persecución nunca se detuvo del todo. Quienes eran descubiertos con papeles falsos eran llevados de inmediato al campo de Janowska y ejecutados. Algunos días, hasta un centenar de personas eran capturadas y asesinadas de esta forma.

Lo que quedó cuando llegó la liberación

Cuando las tropas soviéticas por fin entraron en la ciudad, el recuento resultó devastador. Según los datos verificados por el presidente del comité judío provisional de Lviv, apenas sobrevivieron unos cientos de judíos de toda la ciudad.

Investigaciones posteriores de la Comisión Estatal Extraordinaria de la URSS calcularon que entre 130.000 y 150.000 judíos de Lviv habían sido asesinados durante la ocupación alemana.

La liberación no puso fin de inmediato a la violencia. Los ataques individuales contra los pocos supervivientes continuaron incluso después de la retirada alemana.

Y durante las siguientes cuatro décadas, el régimen soviético construyó un relato oficial que hablaba de un único «pueblo soviético» víctima del fascismo, silenciando deliberadamente el destino específico de la comunidad judía de la ciudad.

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Apasionado por la historia universal y en especial la del mundo hispánico y sus procesos. Fundador de Historia Histórica, donde publica análisis, biografías y estudios basados en fuentes contrastadas para acercar el rigor académico al lector actual.