El plan secreto para invadir la costa belga que se hundió antes del barro de Passchendaele

Un solo batallón custodiaba la pieza clave de todo un plan naval. Cuando los alemanes lo descubrieron, no dudaron ni un segundo en aplastarlo.
Era finales de julio de 1917, y las tropas aliadas acababan de alcanzar el Canal del Yser, en la costa belga, como parte de los preparativos de la que se convertiría en una de las batallas más recordadas de la Primera Guerra Mundial: Passchendaele.
Un plan mucho más ambicioso de lo que parecía
La ofensiva de Flandes no buscaba solo ganar terreno en el barro. El general Douglas Haig tenía en mente algo mucho más grande: capturar los puertos belgas de Ostende y Zeebrugge, bases desde las que los submarinos alemanes hostigaban al Reino Unido.
Para lograrlo, el mando aliado diseñó una operación conjunta con la Marina Real. Se estableció una cabeza de puente en la desembocadura del Canal del Yser, frente a Nieuport, desde donde se lanzaría un avance combinado con desembarcos anfibios.
Era un plan audaz. Demasiado audaz, quizás.
Un error que costó una posición estratégica
La cabeza de puente sobre el Yser quedó guarnecida por una única brigada, una fuerza insuficiente para defender un punto tan crítico del plan aliado.
Los alemanes, siempre atentos a cualquier debilidad en el frente, detectaron la fragilidad de esa posición. Lanzaron un contraataque calculado y aniquilaron por completo la guarnición aliada.
Con esa pérdida, todo el flanco costero de la ofensiva británica quedó comprometido desde el primer momento. Pronto resultó evidente que esa parte del plan tendría que abandonarse por completo.
La preparación que lo cambió todo
Mientras el frente costero se desmoronaba, en el interior de Flandes se estaba gestando la verdadera tormenta.
El 18 de julio de 1917 comenzó un bombardeo de artillería que se prolongaría durante dos semanas completas. Más de 3.000 cañones dispararon millones de proyectiles contra las posiciones alemanas, en uno de los mayores despliegues de fuego de artillería de toda la guerra.
Los alemanes respondieron con una sorpresa propia: un nuevo agente químico llamado gas mostaza, utilizado por primera vez en un contraataque de contrabatería.
El terreno, ya de por sí bajo y húmedo por su cercanía al mar, comenzó a transformarse en algo completamente distinto bajo el peso de tanta artillería.
Cuando la lluvia se convirtió en el peor enemigo
El 31 de julio de 1917, a las 3:50 de la madrugada, comenzó finalmente la gran ofensiva que pasaría a la historia como la Tercera Batalla de Ypres, o simplemente Passchendaele.
Esa misma noche empezó a llover. Y no dejaría de hacerlo durante tres semanas seguidas.
El bombardeo previo había destruido por completo el sistema de drenaje del terreno, formado por zanjas que durante siglos habían mantenido secos los campos de Flandes. Sin esas zanjas, el agua no tenía a dónde ir.
El campo de batalla se convirtió en un mar de barro espeso donde hombres, caballos y hasta tanques quedaban literalmente atrapados hasta ahogarse.
Un objetivo que tardó meses en caer
Lo que Haig había planeado como un avance rápido se transformó en una guerra de desgaste brutal. Las tropas avanzaban entre cráteres llenos de agua, sin apenas visibilidad para la reconocimiento aéreo y con la artillería casi imposible de mover.
La aldea de Passchendaele, que daría nombre a toda la batalla, no cayó hasta el 6 de noviembre de 1917, capturada finalmente por tropas canadienses tras un ataque expresamente ordenado por Haig pese a las objeciones del general Arthur Currie.
Currie había advertido que la victoria costaría un precio terrible en vidas humanas. No se equivocaba.
Un balance que sigue siendo motivo de debate
Cuando la ofensiva se dio por concluida, el avance total conseguido apenas alcanzaba los 8 kilómetros desde las líneas iniciales.
Las bajas aliadas rondaron las 275.000, entre muertos, heridos y desaparecidos. Los alemanes sufrieron unas 220.000 bajas adicionales.
Meses después, en 1918, ante la ofensiva de primavera alemana, las tropas británicas abandonaron sin apenas resistencia la misma cresta de Passchendaele que tanta sangre había costado conquistar.
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Apasionado por la historia universal y en especial la del mundo hispánico y sus procesos. Fundador de Historia Histórica, donde publica análisis, biografías y estudios basados en fuentes contrastadas para acercar el rigor académico al lector actual.

