La noche en que el fuego creó su propio clima: así nació el devastador fenómeno del «firestorm» en Hamburgo

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El fuego se volvió tan intenso que empezó a fabricar su propio clima. Vientos de 240 kilómetros por hora arrancaban a la gente del suelo como si fueran hojas secas.

Era la noche del 27 al 28 de julio de 1943, y sobre Hamburgo estaba naciendo un fenómeno tan nuevo que ni siquiera existía todavía una palabra para describirlo, en uno de los episodios más devastadores de la Segunda Guerra Mundial.

Un objetivo elegido por su importancia industrial

Hamburgo no era una ciudad cualquiera. Era la segunda más grande de Alemania y un nudo esencial de transporte e industria, sede de los astilleros Blohm & Voss, donde se construían los submarinos que amenazaban la propia supervivencia de Gran Bretaña.

El mariscal del aire Arthur «Bomber» Harris, al mando del Comando de Bombarderos de la RAF, llevaba tiempo convencido de una idea: el bombardeo masivo de las grandes ciudades alemanas podía quebrar la moral civil y forzar el colapso del régimen nazi.

Hamburgo se convirtió en el caso de prueba de esa teoría. El verano de 1943 había sido inusualmente seco y caluroso, condiciones perfectas para lo que Harris tenía planeado.

Diez días de bombardeos bautizados con nombre bíblico

La operación recibió el nombre de Gomorra, en referencia directa a la destrucción bíblica de la ciudad arrasada por fuego caído del cielo.

Comenzó la noche del 24 al 25 de julio de 1943, con un ataque de 791 bombarderos británicos. Durante los días siguientes, la Fuerza Aérea estadounidense se sumó con incursiones diurnas dirigidas contra objetivos industriales concretos, como la fábrica de motores Klockner y los propios astilleros.

En total, la campaña se prolongó durante ocho días y siete noches, entre el 24 de julio y el 3 de agosto.

La noche en la que todo cambió

Poco antes de la medianoche del 27 de julio, un total de 739 aviones de la RAF atacaron Hamburgo. Esta vez, algo fue distinto.

El clima extremadamente seco, la concentración inusual del bombardeo sobre una misma zona y las limitaciones de los equipos de extinción, agravadas por el hecho de que los bomberos de Hannover habían sido reclamados de vuelta a su propia ciudad, se combinaron en una tormenta perfecta.

El resultado fue el nacimiento de un firestorm, una tormenta de fuego tan intensa que generaba su propio sistema meteorológico.

Un infierno que alcanzó los 800 grados

Las llamas crearon un vórtice de aire sobrecalentado que ascendía con tal fuerza que formó, en la práctica, un tornado de fuego de más de 300 metros de altura.

Las temperaturas dentro de esa tormenta alcanzaron los 800 grados centígrados, suficientes para fundir metal y cristal. Los vientos huracanados, de hasta 240 km/h, arrastraban a las personas por las calles como si no pesaran nada.

El asfalto de las calles ardió directamente. El combustible derramado de barcos y depósitos dañados incendió incluso el agua de los canales y el puerto.

Muertes que ocurrieron bajo tierra

La mayoría de las víctimas de aquella noche no murieron por el impacto directo de las bombas, sino refugiadas en sótanos y búnkeres antiaéreos, buscando la seguridad que esos espacios siempre habían ofrecido.

El firestorm, sin embargo, consumió todo el oxígeno disponible en la ciudad en llamas. Quienes se escondieron bajo tierra murieron asfixiados, sin que el fuego llegara siquiera a tocarlos directamente.

Más de 21 kilómetros cuadrados de la ciudad quedaron completamente incinerados en cuestión de horas.

Un balance que superó cualquier bombardeo anterior

Las cifras finales de Operación Gomorra resultaron devastadoras: aproximadamente 42.600 civiles muertos y 37.000 heridos, según los cálculos históricos más citados.

Solo aquella noche del 27 al 28 de julio, entre 35.000 y 40.000 personas murieron, más muertes en una única jornada que las que había provocado el Blitz completo sobre Londres a lo largo de ocho meses enteros.

Más de 250.000 viviendas quedaron destruidas. El ministro de armamento nazi, Albert Speer, reconoció después el impacto psicológico de lo ocurrido, temiendo que ataques similares repetidos sobre otras ciudades pudieran forzar el colapso total del esfuerzo bélico alemán.

Ese mismo escenario de destrucción por firestorm volvería a repetirse, apenas dos años después, sobre otra ciudad alemana: Dresde.

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Apasionado por la historia universal y en especial la del mundo hispánico y sus procesos. Fundador de Historia Histórica, donde publica análisis, biografías y estudios basados en fuentes contrastadas para acercar el rigor académico al lector actual.