3.000 aviones y una carretera: así borraron del mapa a la Panzer Lehr en una sola mañana

El cielo sobre Saint-Lô se oscureció durante una hora entera. No era una tormenta: eran 1.800 bombarderos pesados descargando su carga sobre una franja de terreno de apenas cinco kilómetros de largo.
Era el 25 de julio de 1944, y acababa de comenzar la Operación Cobra, la ofensiva que rompería el estancamiento de la Segunda Guerra Mundial en Normandía.
Un frente atascado en el bocage
Siete semanas después del desembarco de Normandía, los Aliados seguían atrapados. El terreno del bocage, setos densos, caminos hundidos, bosquecillos, convertía cada avance en una pesadilla.
El teniente general Omar Bradley tenía un plan distinto: en lugar de atacar en un frente amplio, concentrar toda la fuerza en un solo punto de apenas 6.400 metros de ancho.
Y machacarlo con la mayor potencia de fuego jamás reunida para apoyar una ofensiva terrestre.
Un primer intento fallido
La operación llevaba semanas retrasándose por el mal tiempo. El día anterior, el 24 de julio, ya se había intentado lanzar el ataque, pero las nubes obligaron a cancelarlo a última hora.
El resultado fue trágico: más de 25 soldados estadounidenses murieron por el fuego de sus propios aviones, confundidos entre la niebla. Algunos soldados, furiosos, dispararon contra sus propios cazas.
Tres mil aviones sobre un mismo punto
A las 09:38 del 25 de julio, con el cielo por fin despejado, todo volvió a empezar. Primero llegaron 600 cazabombarderos golpeando las posiciones alemanas en una franja de apenas 270 metros de ancho. Después, durante una hora completa, los pesados bombarderos del Octavo Ejército del Aire saturaron una zona de más de cinco kilómetros de profundidad.
En total, unos 3.000 aviones estadounidenses bombardearon en alfombra un tramo mínimo del frente.
La Panzer Lehr, en el epicentro
Justo en el centro de esa devastación se encontraba la División Panzer Lehr, al mando del general Fritz Bayerlein.
La unidad ya llegaba exhausta antes de que cayera la primera bomba. Tras meses de combates contra los británicos y las pérdidas sufridas en Saint-Lô, solo contaba con 2.200 soldados en condiciones de combatir, 12 Panzer IV, 16 Panthers y una treintena de tanques más en distintos estados de reparación.
El bombardeo la dejó reducida a escombros. La división sufrió alrededor de 1.000 bajas en aquella única mañana.
Bayerlein, agotado y desmoralizado, describiría después lo ocurrido con una sola palabra: «aniquilada». Su blindaje quedó destruido, su personal entre bajas o desaparecidos, y todos los archivos de su cuartel general se perdieron para siempre.
El bombardeo que también golpeó a los propios
Pero el bombardeo no distinguió bandos con precisión quirúrgica.
Bradley había pedido expresamente que los aviones se aproximaran desde el este, en paralelo a la carretera Saint-Lô–Périers, para minimizar el riesgo de bajas propias. La mayoría de los pilotos, sin embargo, llegó desde el norte, en perpendicular a la línea del frente.
El resultado fue devastador: 111 soldados estadounidenses muertos y 490 heridos por el fuego de sus propios bombarderos.
Entre los caídos estaba el teniente general Lesley McNair, que se encontraba en primera línea como observador. Se convirtió en el oficial estadounidense de más alto rango muerto en combate en todo el Teatro Europeo de Operaciones.
Una resistencia sin líneas continuas
A pesar del caos inicial, la infantería comenzó a avanzar poco después de las 11:00, moviéndose de cráter en cráter por un paisaje que ya no se parecía a nada reconocible.
Los restos de la Panzer Lehr, apenas 2.200 hombres y 45 vehículos blindados, todavía intentaron reagruparse para frenar el avance. El primer día resultó decepcionante para los estadounidenses: apenas ganaron 2.000 metros.
Pero algo había cambiado de forma irreversible.
El general J. Lawton Collins, al mando del VII Cuerpo, se dio cuenta de un detalle crucial: los alemanes resistían con ferocidad, pero ya no formaban una línea continua.
El colapso que siguió
Dos días después, el 27 de julio, la resistencia alemana organizada se había desmoronado casi por completo. El 28 de julio, Coutances caía en manos estadounidenses.
El 1 de agosto, un nuevo ejército entraba en escena bajo el mando de un general llamado George S. Patton.
Antes de un mes, el frente alemán en Normandía se habría derrumbado por completo, atrapado en lo que la historia recordaría como el bolsillo de Falaise.
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Apasionado por la historia universal y en especial la del mundo hispánico y sus procesos. Fundador de Historia Histórica, donde publica análisis, biografías y estudios basados en fuentes contrastadas para acercar el rigor académico al lector actual.

