El día que la caballería española cargó ocho veces para salvar a un ejército derrotado

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El agua del río Igán corría teñida de rojo aquella tarde. No por el color del cauce, sino por lo que estaba ocurriendo en sus orillas.

Era el 23 de julio de 1921, y dos días antes había comenzado el colapso militar más grave de la historia contemporánea de España: el Desastre de Annual. Miles de soldados huían en desbandada hacia Melilla, hostigados sin tregua por las harkas de Abd el-Krim.

Entre Dar Drius y Monte Arruit, con el enemigo pisándoles los talones, alguien tenía que frenar la sangría.

Ese alguien fue el Regimiento de Caballería Alcántara.

Al mando del teniente coronel Fernando Primo de Rivera, los jinetes recibieron una orden que sonaba casi a sentencia: proteger la retirada de los supervivientes hasta que llegaran a un lugar seguro.

Primo de Rivera lo dijo sin rodeos a sus hombres antes de lanzarse al ataque: «Soldados, ha llegado la hora del sacrificio. Que cada uno cumpla con su deber.»

No hubo una sola carga. Hubo ocho.

Ocho embestidas sable en mano contra los harqueños atrincherados en el cauce seco del Igán, cada una más agotadora que la anterior. Las últimas ya no fueron al galope, sino al paso, porque los caballos simplemente no podían dar más de sí.

El resultado de aquella tarde fue devastador. De los 691 jinetes que formaban el regimiento, 551 murieron combatiendo. Solo cinco quedaron heridos y 78 fueron hechos prisioneros.

Casi ningún soldado del Alcántara volvió intacto de aquel río.

Pero gracias a su sacrificio, la columna pudo seguir su marcha hasta Tistutin y, finalmente, hasta Monte Arruit. Miles de hombres que habrían muerto en el desfiladero de Izummar consiguieron ponerse a salvo.

El propio Primo de Rivera pagó un precio altísimo por liderar aquellas cargas. Días después, ya refugiado en Monte Arruit, una granada le destrozó el brazo derecho. Un capitán médico se lo amputó con una navaja de afeitar, sin anestesia: el cloroformo se había agotado.

Durante décadas, la hazaña del Alcántara quedó sepultada bajo el peso de la vergüenza nacional que supuso Annual. Nadie quería hablar de una derrota tan humillante, ni siquiera de sus héroes.

El reconocimiento tardó 91 años en llegar.

No fue hasta el 1 de junio de 2012 cuando el regimiento recibió, de forma colectiva, la Cruz Laureada de San Fernando, la máxima condecoración militar española. La ceremonia oficial se celebró más tarde, el 1 de octubre de 2022, en el Palacio Real, presidida por el rey Felipe VI.

Un siglo entero tuvo que pasar para que España mirara de frente aquel sacrificio.

Hoy, el cuadro de Augusto Ferrer-Dalmau que representa la carga en el río Igán es una de las imágenes más reproducidas de toda la guerra de Marruecos.

En él se ve lo que las fotografías de la época nunca pudieron captar: el instante exacto en que un puñado de jinetes decidió jugarse la vida para que otros pudieran seguir viviendo.

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Apasionado por la historia universal y en especial la del mundo hispánico y sus procesos. Fundador de Historia Histórica, donde publica análisis, biografías y estudios basados en fuentes contrastadas para acercar el rigor académico al lector actual.