Troya existió: bajo una colina en Turquía hay nueve ciudades y una de ellas tiene esqueletos, cenizas y puntas de flecha

localizacion de troya

Durante siglos, la comunidad científica estuvo de acuerdo en una cosa: la guerra de Troya, el rapto de Helena, el talón de Aquiles y el ingenioso caballo de madera eran hermosas fantasías literarias escritas por Homero para entretener a los antiguos griegos. Pensar que esos lugares existieron de verdad era considerado una ingenuidad infantil.

Sin embargo, en 1870, un hombre llamado Heinrich Schliemann llegó a la colina de Hisarlik, en el noroeste de la actual Turquía. Llevaba una pala, una inmensa fortuna personal y la obsesión absoluta de que la Ilíada y La Odisea eran crónicas históricas rigurosas.

Lo que desenterró bajo aquella colina cambió para siempre la forma en que entendemos la frontera entre la leyenda y la realidad.

El hombre que usó la ‘Ilíada’ como un mapa de carreteras

Schliemann era un millonario prusiano que, tras amasar una inmensa fortuna en el comercio, decidió financiar su propio sueño. Su objetivo no era solo Hisarlik; también excavó otros yacimientos homéricos clave como Micenas, Tirinto y Orcómeno, buscando demostrar que la Grecia del Bronce que describían los poemas no era un invento.

Pero la historia oficial suele olvidar un nombre fundamental: Frank Calvert.

Calvert, un diplomático británico cuya familia era propietaria de parte de las tierras de la colina de Hisarlik, ya había estudiado el terreno y realizado pequeñas excavaciones. Estaba convencido de que allí se ocultaban las ruinas de Troya, pero no tenía el dinero necesario para abrir una gran excavación.

Calvert invitó a cenar a Schliemann, le enseñó sus planos de trabajo y le indicó el punto exacto donde debía clavar la pala. Trágicamente, Schliemann jamás mencionó el nombre de Calvert en ninguna de sus memorias o libros posteriores. Se atribuyó todo el mérito.

La prisa por el oro y un desastre arqueológico irreparable

El trabajo de Schliemann en Hisarlik fue espectacular, pero también un auténtico desastre para la ciencia. Convencido de que la Troya de Homero se encontraba en las capas más profundas de la colina, ordenó a sus obreros abrir una gigantesca trinchera usando maquinaria pesada.

Al hacerlo, destruyó sin querer gran parte de los estratos superiores, borrando para siempre valiosa información histórica de los periodos más recientes.

Schliemann murió en 1890 creyendo que había descubierto la ciudad del rey Príamo. En 1873, incluso desenterró un tesoro de valor incalculable: una diadema de oro, joyas, vajillas de plata y copas de cobre que bautizó como el «Tesoro de Príamo». Su esposa, Sophia, posó para una famosa fotografía histórica luciendo estas joyas milenarias.

Sin embargo, la arqueología moderna descubrió una ironía dolorosa:

  • Las joyas y las murallas de la capa que excavó Schliemann (Troya II) eran 1.000 años anteriores a la época en que supuestamente ocurrió la guerra de Troya.
  • En su prisa ciega por llegar al fondo, Schliemann literalmente atravesó y destrozó la verdadera Troya de la época homérica (la capa VIIa), descartándola por considerarla «demasiado moderna y de pobre construcción».

Nueve ciudades superpuestas y la que tiene las huellas de la guerra

Los arqueólogos que vinieron después de Schliemann, con métodos más rigurosos y sin su impaciencia, reconstruyeron pacientemente lo que había debajo de Hisarlik. Las excavaciones posteriores demostraron la existencia de nueve ciudades superpuestas a lo largo de los siglos en el mismo emplazamiento, siendo Troya VII la principal candidata a ser la legendaria Ilión cantada por Homero.

De Troya VI, datada entre 1700 y 1300 a.C., destaca la gran fortaleza, preparada para sobrevivir a un prolongado asedio, y sus enormes murallas, de 6 metros de alto y 5 metros de grosor. Esta ciudad no presenta signos de haber sido destruida en una guerra, sino por un terremoto que destruiría el palacio en torno a 1300-1250 a.C. De ahí surgió una teoría fascinante: que el famoso Caballo de Troya fuera una metáfora de Poseidón, dios del mar y de los terremotos, y que el caballo representara el seísmo que destruyó realmente la ciudad.

Fue el arqueólogo Carl Blegen, trabajando en la década de 1930, quien encontró pruebas fehacientes de que Troya VIIa, datada en torno a 1300-1180 a.C., había sido testigo de un largo asedio y que acabó siendo saqueada. Su equipo encontró puntas de flecha de estilo griego enterradas en las paredes, esqueletos sin enterrar, huesos de animales, edificios quemados y otros edificios divididos en habitaciones que podrían haber dado cobijo a familias en busca de refugio.

Lo que los arqueólogos han encontrado recientemente en la colina

Las excavaciones en Hisarlik continúan aportando datos fascinantes. En las campañas arqueológicas dirigidas por el profesor Rüstem Aslan, los equipos se han concentrado en buscar pruebas en la ciudad baja y en los campos de batalla que se extendían extramuros.

Uno de los descubrimientos más recientes y reveladores ha sido la presencia de un depósito de proyectiles de piedra redondeados, diseñados para ser lanzados con honda, con una antigüedad de más de 3.500 años. Fueron hallados justo frente a una gran estructura defensiva de la fase de Troya VI.

«La gran cantidad de piedras de honda concentradas en un solo punto es un indicador muy claro de un conflicto militar a gran escala», explica el profesor Aslan. «Es la prueba de una defensa desesperada o de un asalto violento contra las puertas de la ciudad».

El paisaje que Homero vio

Existe otra prueba física que conecta Hisarlik con los textos clásicos de una forma asombrosa. Desde la colina de Hisarlik, si uno mira al horizonte, puede ver claramente las siluetas de las islas de Imbros y Samotracia emergiendo del mar Egeo.

En la Ilíada, Homero relata cómo el dios Poseidón se sentaba en la cumbre de Samotracia para contemplar el desarrollo de la batalla en las llanuras troyanas. Un poeta que nunca hubiera estado allí jamás habría podido describir con tanta precisión geográfica la línea de visión exacta de la región.

Troya no era una leyenda porque controlaba el paso más codiciado de la Edad del Bronce: el estrecho de los Dardanelos. Quien dominaba Hisarlik controlaba todo el comercio marítimo entre el Mediterráneo y el Mar Negro. Por eso, mucho antes y mucho después de Homero, aquella colina estuvo condenada a ser el escenario de las batallas más encarnizadas de la Antigüedad.

Un tesoro en el exilio: El famoso «Tesoro de Príamo» que Schliemann sacó ilegalmente de Turquía acabó en Berlín. Tras la caída de la ciudad al final de la Segunda Guerra Mundial, el ejército soviético lo confiscó como botín de guerra. Tras décadas ocultándolo, Rusia admitió en 1993 que las joyas de oro se encuentran custodiadas en el Museo Pushkin de Moscú, donde continúan hoy en día bajo reclamación internacional de tres países diferentes.

Fuentes y lecturas recomendadas

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Apasionado por la historia universal y en especial la del mundo hispánico y sus procesos. Fundador de Historia Histórica, donde publica análisis, biografías y estudios basados en fuentes contrastadas para acercar el rigor académico al lector actual.