El verso con el que arranca la Odisea tiene 3.000 años y sigue siendo insuperable

En un mundo obsesionado con las etiquetas rígidas, donde la psicología moderna intenta encasillarnos en perfiles de personalidad estáticos y los gurús de la productividad nos exigen ser siempre inquebrantables, la literatura clásica nos recuerda que nuestro verdadero superpoder es exactamente el contrario: la flexibilidad.
Hace casi tres mil años, alguien puso por escrito la primera línea de uno de los textos más leídos de la historia humana. En griego antiguo sonaba así: Ándra moi énnepe, Moûsa, polýtropon.
En español, la traducción más célebre dice: «Háblame, musa, del hombre de multiforme ingenio». En apenas unas pocas palabras, ese verso contiene una descripción del ser humano que ningún filósofo, psicólogo ni escritor posterior ha conseguido superar. Y la mayoría de quienes lo leen de pasada no se detienen a entender por qué.
La palabra que lo cambia todo no es «musa» ni es «hombre». Es polýtropon. Y su significado es el punto de partida para entender no solo la Odisea, sino toda la historia del pensamiento que vino después.
¿Qué significa realmente ‘polýtropon’ y por qué importa tanto?
Polýtropon es un adjetivo griego compuesto de dos partes: polý, que significa «mucho» o «múltiple», y tropos, que significa «vuelta», «giro», «manera» o «dirección». La traducción más literal y cruda sería «el de muchos giros» o «el de múltiples vueltas». Otras traducciones a lo largo de los siglos han optado por «multiforme ingenio», «hombre de muchos recursos», «el de mil ardides» o «el astuto de múltiples recursos».
Ninguna traducción moderna logra capturarlo del todo porque el término original tiene una ambigüedad deliberada que Homero quería explotar. Polýtropon puede interpretarse en tres niveles fascinantes:
- El viajero: Alguien que ha viajado mucho, dando vueltas físicas por el mundo, y ha visto muchos lugares y maneras distintas de vivir.
- El camaleón: Alguien de carácter múltiple y adaptable, que es capaz de adoptar distintas identidades o formas según lo exija la situación para sobrevivir.
- El estratega: Alguien que encuentra siempre el giro intelectual, el truco, el ardid o la solución lateral que resuelve lo que la fuerza bruta no puede solucionar.
Homero no quería que eligieras una. Quería las tres lecturas activas al mismo tiempo en la mente del oyente.
El héroe que sobrevive gracias a su mente, no a sus músculos
La elección de esta palabra exacta para arrancar el poema es una declaración de principios. En el otro gran poema de Homero, la Ilíada, el protagonista absoluto es Aquiles. Aquiles es definido por su fuerza física, su velocidad mítica, su cólera indomable y su gloria militar. Es el arquetipo del guerrero perfecto. Pero Aquiles es rígido, no sabe adaptarse, y por eso muere joven.
Odiseo es la antítesis. Odiseo es el hombre que sobrevive. Es el que regresa a casa. No lo logra por ser el más fuerte, el más rápido ni el más valiente en el campo de batalla, sino por ser el más capaz de pensar, de transformarse y de adaptarse a las circunstancias. Mientras que el héroe de la Ilíada representa la perfección trágica en un solo instante, el héroe de la Odisea encarna la capacidad de durar y resistir en el tiempo.
En las tradiciones simbólicas del mundo antiguo, esta distinción es crucial. Es la diferencia entre el «héroe solar», que brilla con intensidad destructiva y se consume rápidamente (Aquiles), y el «héroe lunar», que mengua y crece, que se oculta, que muere simbólicamente para renacer y que siempre encuentra el camino de vuelta (Odiseo).
‘Háblame, musa’: El arte de vaciar el ego
El verso no arranca hablando de Odiseo, sino con una petición directa al plano divino: «Háblame, musa». Esta invocación no es un simple adorno poético o un recurso decorativo. En la concepción griega clásica de la creación artística, el poeta no es un «creador» en el sentido moderno; es un canal de transmisión.
La verdad, la belleza y la memoria de las hazañas humanas provienen de las Musas, hijas de Zeus y de Mnemósine (la personificación de la Memoria). Al invocar a la musa, el poeta realiza un ejercicio de humildad radical que la modernidad ha perdido por completo.
El artista moderno crea desde el «yo», buscando la originalidad y la expresión personal. El artista antiguo, en cambio, se vaciaba a sí mismo de todo ego para permitir que una verdad más grande y eterna fluyera a través de él. La invocación es, en esencia, el momento de ese vaciamiento necesario.
‘Del hombre’: La universalidad de la Odisea
Homero no inicia su obra cantando «del héroe», «del rey» ni «del guerrero». Utiliza la palabra ándra: hombre. El ser humano en su totalidad, sin títulos que lo limiten.
Esta elección es la que ha permitido que la Odisea sobreviva casi tres mil años sin perder ni un ápice de vigencia. No estamos ante la biografía de un monarca de la Edad del Bronce; estamos ante la historia de lo que significa ser humano.
A través del viaje de Odiseo, Homero nos habla de perderse, sufrir, desear regresar a lo que amamos, encontrar obstáculos monstruosos que no podemos vencer por la fuerza y tener que recurrir al ingenio, recordar lo que dejamos atrás y seguir moviéndonos a pesar del dolor.
En la tradición perenne, el viaje de la Odisea no es un mapa geográfico por el Mediterráneo, sino un viaje del alma humana:
- La isla de los lotófagos es la tentación de la inercia y el olvido.
- El cíclope Polifemo es la brutalidad ciega que solo puede ver las cosas desde una única perspectiva.
- Circe es la pérdida de nuestra dignidad y forma humana cuando nos entregamos al placer sin control.
- Las sirenas representan el conocimiento destructivo que nos seduce y nos mata si lo buscamos sin la estructura interna adecuada.
El círculo perfecto de la primera palabra
Hay un detalle técnico de la métrica original que las traducciones inevitablemente destrozan: en griego, la Odisea no empieza con «musa» ni con «canta». Empieza exactamente con la palabra ándra (hombre). La primera palabra que golpea al oyente es el ser humano. Todo el universo mitológico, los dioses y los monstruos, vienen después.
Es una estructura matemática y simbólica perfecta. El poema comienza donde debe comenzar cualquier relato que aspire a la eternidad: por el ser humano que está en el centro de la tormenta.
Este verso inicial lleva tres milenios resonando en las mentes más brillantes de nuestra civilización. Platón lo analizó profundamente, Alejandro Magno lo memorizó y dormía con los poemas homéricos bajo su almohada, Virgilio lo usó como plano arquitectónico para diseñar la Eneida en la Roma de Augusto, Dante edificó su Divina Comedia sobre la sombra de Ulises, y James Joyce cambió la historia de la literatura en el siglo XX estructurando su revolucionaria novela Ulises sobre las andanzas de este personaje.
La primera traducción al español de este monumento literario se la debemos a Gonzalo Pérez, el influyente secretario del rey Felipe II en el siglo XVI, quien dedicó décadas de su vida a trasladar al castellano el viaje del hombre que, ante la fuerza destructiva del destino, decidió que su mente sería su mejor escudo.
Fuentes y lecturas recomendadas
Análisis del simbolismo del héroe y su viaje en la mitología clásica en la World History Encyclopedia (Enlace de autoridad).
Accede al texto original en griego de la Odisea de Homero y al desglose gramatical de la palabra «polýtropon» en el Portal del Proyecto Perseus de la Universidad de Tufts (Enlace de autoridad).
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Apasionado por la historia universal y en especial la del mundo hispánico y sus procesos. Fundador de Historia Histórica, donde publica análisis, biografías y estudios basados en fuentes contrastadas para acercar el rigor académico al lector actual.

