Primer Imperio Mexicano: el Imperio de Iturbide

El Primer Imperio Mexicano, también conocido como Imperio de Iturbide, fue la primera forma de gobierno soberano que adoptó México tras independizarse de España. Se trató de una monarquía nacional encabezada por Agustín de Iturbide que existió entre 1822 y 1823 y que representó el primer intento de dar estabilidad política al nuevo país tras más de una década de guerra.
Este periodo nació como una solución de compromiso entre distintos grupos —militares, élites criollas y sectores conservadores— que buscaban independencia sin romper con el modelo monárquico. Iturbide, figura clave en la fase final de la independencia, pasó de comandante realista a líder del nuevo orden y terminó siendo proclamado emperador. Sin embargo, su gobierno se vio rápidamente debilitado por la crisis financiera, las tensiones con el Congreso y la oposición política, hasta su caída y la proclamación de la república.
Contexto histórico: de la crisis colonial al nacimiento del Imperio de Iturbide
La Guerra de Independencia de México (1810-1821)
El Primer Imperio Mexicano solo puede entenderse dentro del largo proceso de la Guerra de Independencia de México, un conflicto político y militar que se extendió desde 1810 hasta 1821 y que puso fin al dominio español en el territorio de Nueva España.
A comienzos del siglo XIX, Nueva España era una de las colonias más importantes de la monarquía española. La situación cambió drásticamente en 1808, cuando Napoleón invadió España y forzó la salida del rey Fernando VII. Esta crisis de legitimidad provocó tensiones en América: muchos grupos locales rechazaron la autoridad impuesta desde Francia y comenzaron a defender la idea de autogobierno.
En sus primeras etapas, varios movimientos actuaban formalmente en nombre del rey español, pero con el paso de los años el conflicto evolucionó hacia un objetivo claramente independentista. A la lucha insurgente inicial se fueron sumando intereses económicos, sociales y políticos de distintos sectores del virreinato.
La alianza entre insurgentes y conservadores
La fase final de la guerra estuvo marcada por un hecho decisivo: la alianza entre antiguos insurgentes y sectores conservadores. Por un lado, líderes independentistas como Vicente Guerrero mantenían la resistencia armada. Por otro, parte de las élites y mandos realistas comenzaron a temer las reformas liberales impulsadas en España, especialmente las asociadas a la Constitución de Cádiz.
En ese contexto, el militar Agustín de Iturbide, que hasta entonces había combatido a los rebeldes, impulsó un acuerdo político y militar con los insurgentes. Esta unión permitió articular una salida que combinaba independencia, orden social y continuidad religiosa.
El Plan de Iguala y el nuevo proyecto de Estado
El punto de inflexión llegó con la proclamación del Plan de Iguala en febrero de 1821. Este programa establecía las bases del nuevo país sobre tres principios —conocidos como las Tres Garantías—:
- Independencia de México
- Unidad entre criollos y peninsulares
- Defensa de la religión católica
Además, el plan no proponía una república, sino una monarquía constitucional mexicana, ofreciendo la corona a un miembro de la familia real española o a otra casa europea. Con ello se buscaba reconocimiento internacional y estabilidad institucional.
Para imponer y difundir este proyecto se organizó el Ejército Trigarante, que logró adhesiones en gran parte del territorio.
De la independencia al imperio
En agosto de 1821 se firmaron los Tratados de Córdoba entre Iturbide y la máxima autoridad política española en Nueva España, que aceptaban la separación del territorio y el nuevo modelo monárquico. Aunque posteriormente España desconoció el acuerdo, el proceso ya era irreversible.
En septiembre de 1821 el ejército independentista entró en la capital y se declaró formalmente la independencia. Se creó una junta provisional y un congreso constituyente para definir la forma de gobierno. Ante la falta de un monarca europeo dispuesto a ocupar el trono, el propio Iturbide terminó siendo proclamado emperador en 1822, dando inicio al Primer Imperio Mexicano.
¿Quién fue Agustín de Iturbide?
Agustín de Iturbide (1783-1824) fue un militar y dirigente político mexicano que desempeñó un papel decisivo en la fase final de la independencia y se convirtió en el primer emperador de México. Su trayectoria es una de las más complejas del periodo: comenzó combatiendo a los insurgentes como oficial realista y terminó liderando el proyecto que dio origen al Estado mexicano independiente.
Durante buena parte de la guerra destacó por su capacidad militar y su conocimiento del terreno, lo que le permitió ganar prestigio dentro del ejército virreinal. Sin embargo, el cambio político ocurrido en España en 1820 —con el restablecimiento del régimen liberal— alteró el equilibrio de intereses en Nueva España. Sectores conservadores, eclesiásticos y grupos de poder locales temieron perder influencia, y algunos de sus líderes, entre ellos Iturbide, pasaron a defender una independencia controlada.
El paso de Iturbide al bando independentista fue clave para el desenlace del conflicto. Su liderazgo permitió unir fuerzas que hasta entonces habían combatido entre sí. Entre los hechos más relevantes en los que fue protagonista destacan:
- La alianza con Vicente Guerrero, símbolo de la unión entre antiguos realistas e insurgentes
- La proclamación del Plan de Iguala, que definía independencia, unidad social y religión católica como bases del nuevo Estado
- La organización y mando del Ejército Trigarante, fuerza que consolidó el triunfo independentista
- La firma de los Tratados de Córdoba, que facilitaron la salida de la autoridad virreinal
- La entrada del ejército independentista en Ciudad de México y la formalización del nuevo gobierno provisional
Gracias a este protagonismo militar y político, Iturbide se convirtió en la figura más visible del nuevo orden.
Tras la independencia, surgió un intenso debate sobre la forma de gobierno que debía adoptar México. La opción monárquica ganó fuerza entre sectores del ejército y grupos conservadores. En medio de tensiones con el Congreso y divisiones políticas internas, un movimiento de apoyo impulsado por militares y simpatizantes promovió su nombramiento como emperador.
Finalmente, el Congreso aprobó su designación y fue coronado en 1822 como Agustín I. Su gobierno, no obstante, duró menos de un año, marcado por conflictos institucionales, problemas financieros y creciente oposición política, factores que conducirían a la caída del imperio en 1823.
Dificultades económicas del Imperio de Iturbide
El Primer Imperio Mexicano nació en un contexto de fuerte deterioro económico tras más de diez años de guerra. La independencia dejó un país con la hacienda pública prácticamente vacía, producción reducida y graves problemas para recaudar ingresos. Sectores clave de la economía colonial, como la minería y la agricultura, funcionaban muy por debajo de sus niveles anteriores, y muchas rutas comerciales internas estaban desarticuladas.
A esto se sumaban varios factores agravantes: salida de capitales de grupos peninsulares, caída de la mano de obra por las pérdidas del conflicto y una administración fiscal todavía inestable. El nuevo gobierno debía sostener el ejército, crear estructuras estatales y pagar deudas heredadas sin contar con un sistema tributario sólido.
El gobierno de Iturbide intentó aliviar la situación con ajustes fiscales y nuevas medidas de financiación, pero terminó recurriendo a endeudamiento, emisión de papel moneda y préstamos forzosos. Estas decisiones redujeron la confianza económica y aumentaron el malestar entre comerciantes, propietarios y sectores urbanos.
La combinación de escasez de recursos, presión financiera y medidas impopulares debilitó el apoyo al régimen y contribuyó al crecimiento de la oposición política contra el emperador.
Conflictos políticos en el Imperio de Iturbide
El Imperio de Iturbide estuvo marcado desde sus inicios por una fuerte inestabilidad política. Aunque Agustín de Iturbide fue proclamado emperador en 1822 con respaldo del Congreso, la relación entre el monarca y los diputados se deterioró rápidamente por desacuerdos sobre el reparto de poder y la dirección del nuevo Estado.
Ante la falta de apoyo parlamentario, Iturbide decidió disolver el Congreso y sustituirlo por una Junta Nacional Instituyente más afín a su gobierno. Esta medida concentró el poder en el ejecutivo y generó acusaciones de autoritarismo. Al mismo tiempo, se impusieron restricciones a la prensa y se persiguió a voces críticas, lo que incrementó la tensión política.
La oposición al emperador fue amplia y diversa. Incluía:
- Antiguos insurgentes como Vicente Guerrero, Nicolás Bravo y Guadalupe Victoria
- Monárquicos que preferían un príncipe europeo de la casa Borbón
- Grupos republicanos que rechazaban cualquier forma de monarquía
- Militares que habían colaborado con Iturbide, como Antonio López de Santa Anna, que rompieron con él por su forma de gobierno
La suma de divisiones ideológicas, rivalidades personales y decisiones institucionales controvertidas fue erosionando la base política del imperio y preparó el terreno para la rebelión que acabaría con el régimen.
El Plan de Casa Mata y el final del Imperio de Iturbide
La oposición al gobierno imperial fue creciendo desde los primeros meses del reinado de Iturbide. Diversos grupos políticos y militares rechazaban la concentración de poder del emperador y exigían la restauración del Congreso y un sistema representativo. A finales de 1822 comenzaron a multiplicarse los pronunciamientos armados y las conspiraciones contra el régimen.
Uno de los levantamientos más importantes fue el encabezado por Antonio López de Santa Anna en Veracruz, quien se declaró en contra del imperio y a favor de un nuevo orden político. El conflicto se extendió cuando otros mandos militares se sumaron al movimiento.
El punto decisivo llegó con la proclamación del Plan de Casa Mata el 1 de febrero de 1823. Este programa no atacaba directamente la figura personal de Iturbide, pero exigía restablecer el Congreso y permitir que la nación definiera su forma de gobierno. En la práctica, el plan abrió el camino para desmontar la monarquía y avanzar hacia un modelo republicano.
Sin respaldo militar suficiente y con la rebelión ya extendida, Iturbide reabrió el Congreso y poco después, el 19 de marzo de 1823, abdicó al trono. Salió del país con su familia e inició el exilio en Europa. Tras su caída, las provincias de Centroamérica se separaron de México y se puso en marcha un nuevo proceso constituyente.En 1824 se aprobó la Constitución Federal de los Estados Unidos Mexicanos, que estableció oficialmente una república representativa y federal. Ese mismo año, Iturbide regresó a México sin autorización, fue detenido por orden del Congreso —que lo había declarado traidor— y fusilado en julio de 1824, cerrando definitivamente la etapa del Primer Imperio Mexicano.
