26 de enero de 1564: la ruptura entre católicos y protestantes

26 de enero 1564 concilio de trento

El 26 de enero de 1564 se hizo oficial una división que llevaba tiempo gestándose en Europa: la separación entre el catolicismo y las distintas corrientes protestantes. Ese día, el papa confirmó las decisiones del Concilio de Trento, un largo proceso de reuniones que había comenzado años antes con el objetivo de responder a la Reforma Protestante iniciada por Martín Lutero.

Este hecho no debe entenderse solo como un acontecimiento religioso. Es también un momento clave en la transformación del mundo occidental, un reflejo de cómo una sociedad que durante siglos había vivido bajo principios comunes empezó a fragmentarse. No es el nacimiento de la modernidad, pero sí uno de los momentos en los que esta empieza a tomar forma de manera clara.

Dos formas distintas de alcanzar la salvación

Uno de los puntos centrales que se definieron en el Concilio de Trento fue la forma de alcanzar la salvación.

Para la Iglesia católica, la salvación no depende únicamente de creer, sino también de actuar. La fe debe ir acompañada de obras: participar en los sacramentos, vivir según unas normas morales, formar parte de la comunidad y aceptar la tradición y la autoridad de la Iglesia. La salvación es, por tanto, un camino compartido, no solo una experiencia individual.

Las corrientes protestantes defendían algo distinto: la salvación se alcanza solo por la fe. Las obras no son necesarias para salvarse, sino una consecuencia natural de creer. Además, se reduce el papel de la Iglesia como autoridad y se da prioridad a la lectura e interpretación personal de la Biblia. Cada creyente se relaciona directamente con el texto sagrado, sin una mediación fuerte de una institución. En coherencia con ello, no aceptaban el culto a los santos ni a la Virgen María, al considerar que desviaba la relación directa entre el creyente y Dios.

Esta diferencia, aunque religiosa en apariencia, refleja dos maneras opuestas de entender la vida y la comunidad: una basada en la continuidad, la tradición y lo colectivo; otra centrada en la experiencia individual y la elección personal.

La pérdida de un centro común

Durante siglos, el cristianismo había funcionado como un eje común en Europa. No solo marcaba la fe, sino también las costumbres, el calendario, el arte, la arquitectura, la música y la forma de entender el mundo. La religión no era una opción entre otras, sino un marco compartido que daba coherencia a la vida social.

Con la ruptura entre católicos y protestantes, ese centro común empieza a desaparecer. La unidad se divide en distintas interpretaciones, cada una con sus propias reglas. Lo que antes era una raíz compartida se convierte en ramas separadas. No se trata solo de una división religiosa, sino de la pérdida de un principio unificador.

Este proceso no surge de repente en 1564. Llevaba siglos desarrollándose, con el cuestionamiento de la autoridad, el aumento del individualismo y la aparición de nuevas formas de pensar. El Concilio de Trento no crea esta transformación, pero la hace visible y oficial.

La modernidad va ganando terreno

La modernidad no nace en un momento concreto. No aparece de golpe. Se forma poco a poco, a través de cambios acumulados que alteran la relación entre el individuo, la comunidad y la tradición.

El Concilio de Trento es uno de esos momentos en los que se ve con claridad un cambio de rumbo: la fe deja de ser una experiencia principalmente colectiva y estructurada, y comienza a entenderse cada vez más como algo personal. La autoridad ya no se acepta sin discusión; la tradición empieza a ponerse en duda; la unidad da paso a la diversidad.

Este mismo proceso se repetirá más adelante en otros ámbitos: la política, la cultura, la economía o la moral. Donde antes había normas claras y compartidas, aparecerán múltiples opciones. Donde había estabilidad, surgirá el cambio constante.

Comprender este hecho ayuda a entender mejor el mundo actual: un mundo donde la elección personal suele imponerse a la tradición, donde la diversidad sustituye a la unidad y donde el cambio constante se convierte en norma.

Reflexión final

La ruptura que se hizo visible en el siglo XVI no se quedó en el terreno religioso. Sus consecuencias se extendieron durante siglos. La fragmentación del cristianismo dio lugar a las guerras de religión, que devastaron Europa durante generaciones y dejaron claro que ya no existía un principio común capaz de sostener la unidad política y espiritual del continente.

De ese agotamiento surgió la Paz de Westfalia (1648), que puso fin a los grandes conflictos religiosos y dio origen a una nueva forma de organización: el Estado moderno, basado no en una autoridad espiritual compartida, sino en fronteras, soberanía y equilibrio de poder. Fue un cambio decisivo: la religión dejó de ser el centro ordenador del mundo europeo y fue sustituida por la razón de Estado.

Este proceso alcanzó su punto culminante con la Revolución Francesa, donde la ruptura con la tradición se volvió explícita. La monarquía, la religión y el orden heredado fueron reemplazados por nuevos principios: nación, progreso, ideología. El mundo moderno quedó plenamente constituido.

A partir de ahí, los conflictos ya no se libraron en nombre de la fe, sino en nombre de ideas, sistemas y proyectos humanos. El resultado fueron dos guerras mundiales, de una escala y una violencia desconocidas hasta entonces, con consecuencias catastróficas para Europa y el mundo entero.

Hoy, y espero estar equivocado, todas estas cosas nos están llevando de cabeza a una Tercera Guerra Mundial con consecuencias que creo, no nos podemos ni llegar a imaginar.

Otras efemérides del 26 de enero

Otras efemérides del 26 de enero que han sucedido en la historia de la humanidad son:

1500 – Vicente Yáñez Pinzón llega a la costa de Brasil

1540 – Valerius Cordus descubre el éter

1565 – Batalla de Talikota y destrucción del último gran reino hindú

1641 – Batalla de Montjuïc: Cataluña pasa a ser república satélite de Francia

1699 – Tratado de Karlowitz

1812 – Napoleón Bonaparte ordena la división de Cataluña en departamentos.

1841 – El Imperio británico ocupa Hong Kong

1898 – El acorazado Maine entra en La Habana